La preocupación de productores, usuarios y organismos vinculados por la realidad de ese eslabón del sistema agropecuario quedó expresada durante el reciente Congreso Argentino de Caminos Rurales y en una Jornada paralela de la última Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria. El tema volverá a tratarse durante el 17° Congreso Argentino de Vialidad y Tránsito, en Rosario en octubre.
Guillermo Cabana, presidente de la Asociación Argentina de Carreteras (AAC), reconoció que «hace años que estamos bregando por este tema, pero hasta ahora no se había generado un interés tan grande», por lo que consideró que se debería «canalizar esa energía positiva a través de una actualización de la legislación, para generar una política de Estado».
«Los caminos rurales no tienen hoy una política de Estado que los atienda y la atención de los caminos rurales depende de la voluntad de la autoridad de cada región, de cada provincia, de cada municipio. La atención que reciben es absolutamente aleatoria», dijo.
Esta red involucraría unos 500.000 kilómetros de caminos, 260.000 trazados en la pampa húmeda, especialmente en la provincia de Buenos Aires, con 120.000 kilómetros; Córdoba, con 50.000, y Santa Fe con 60.000, en gran parte en mal estado por la que se deberán sacar los 154 millones de toneladas que produciría el agro en 2020.
Al respecto, Francisco Iguerabide, presidente de la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea), resaltó que «tranqueras adentro se puede aumentar la producción. Está empezando a haber un cambio en la tendencia del uso del suelo, por lo menos entre quienes disponen de la tierra en largo plazo. Va a haber un cambio rápido e importante que va a hacer más presión sobre los caminos. La situación va a ser peor, porque el volumen puede llegar a aumentar entre 20 y 30 por ciento», precisó.
Iguerabide consideró «factible que haya 15% más de volumen a nivel nacional. Técnicamente es posible y esa es la tendencia por los informes que van coincidiendo en el aumento de la superficie de trigo y de maíz. Si eso se consolida, con un rendimiento normal, el volumen de la cosecha argentina puede aumentar entre 15 y 20 por ciento. Entonces, hay que arreglar los caminos: no queda otra», sentenció.
El productor del sur cordobés comentó que «el problema fue que no hubo un mantenimiento en los sectores de los caminos que, aunque sean bajos, se podrían transitar si hubieran tenido trabajo previo. Pero en una situación de caminos anegados, como la actual, es prácticamente imposible».
Reconoció que de parte de los municipios no hay grandes posibilidades de inversiones o de disponer de maquinaria. «Se trabaja con equipos preexistentes, que tenían un dimensionamiento menor. No hay máquinas disponibles en calidad y cantidad para hacer frente a esto y no hay recursos en el Estado para contratar maquinaria privada», añadió.
Para el presidente de la AAC se fue olvidando la responsabilidad del Estado. «Hoy no hay política de mejoras, apenas hay algún mantenimiento. Debe haber distintos niveles de acciones: por un lado, el mantenimiento rutinario de la totalidad de la red; en segundo lugar, el mejoramiento de parte de esa red para asegurar condiciones de transitabilidad, y tercero, la etapa superior, que es la pavimentación de los tramos que lo merezcan», describió.
Insistió en que «no se puede generalizar: en la provincia de Buenos Aires hay una condición óptima, como en Tres Arroyos, y una lamentable, como en General Villegas o Azul; por el abandono de años o por la situación hídrica. También hubo muchos municipios que abandonaron el mantenimiento donde intendentes que acaban de asumir se encontraron vaciados de equipos para encarar los trabajos mínimos que hace años no se hacen y los caminos están destruidos».


