Los excesos de lluvia siempre afectaron el transporte de carga y la producción, inundando plantas, centros de distribución y edificios. El problema para los empresarios consiste en minimizar los riesgos ante condiciones meteorológicas que seguirán empeorando, según señalan los especialistas. Recuerdo una experiencia interesante en mis inicios en la logística, plenamente vigente. Un cliente necesitaba una planta para comenzar a fabricar válvulas pesadas para la actividad petrolífera. Quería el detalle del layout de máquinas, las áreas de mantenimiento, los almacenes de repuestos, los vestuarios del personal, las oficinas de la dirección y, en su gran apuro por comenzar la actividad, quería comprar un edificio fuera de uso y poner todo lo requerido adentro. Intenté sin éxito convencerlo de que un edificio construido expresamente para su actividad era mejor, y que el tiempo para erigirlo no sería tan prolongado como él pensaba. No obstante, aceptó que el proyectista opinase acerca de las posibles alternativas antes de cerrar la compra. Entre las propuestas se encontraba un edificio industrial cerca de Zárate, de una superficie compatible con las necesidades, pero con un nivel del piso interno apenas unos pocos centímetros por arriba del terreno exterior. Le indiqué la necesidad de colocar una losa adicional sobre el existente, pero lo menos desagradable que respondió fue: «¡Ingeniero, usted está loco!» Por fortuna, siete días más tarde, en una reunión con el empresario, llovieron en Zárate 193 mm esa mañana. El hombre enmudeció y aceptó avanzar con la propuesta que antes rechazaba. Volviendo al presente, hay una interesante oferta de edificios industriales definidos como posibles centros logísticos, grandes naves de techo alto, divisibles según necesidades de los clientes, con buenos accesos, cercanos a la Capital, etc. Pero, ¿quién puede garantizarnos que esos terrenos seguirán accesibles luego de unas lluvias como las de agosto pasado? Nadie. Habría que recurrir a las direcciones de hidráulica de los distintos partidos involucrados en la búsqueda, investigar en construcciones cercanas si hay marcas de agua en las paredes y, de ser posible, visitar el área un día de lluvia o de tormenta, con vehículos altos, doble tracción, y con botas adecuadas. No exagero si lo que se busca es una buena localización para un centro logístico o una planta industrial que permita no moverse de allí en 30 años o algo más.
Reflexiones en torno a la logística y las inundaciones


