Con una firme presencia en la Patagonia, La Anónima sostiene una cadena de supermercados que supera las 150 sucursales, distribuidas principalmente en el sur del país, y también en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires y el norte de Santa Fe.
Desde su mayor centro de distribución en la localidad de Ituzaingó, todos los días la firma enfrenta el desafío logístico de recibir en tiempo y forma la mercadería para luego reabastecer los centros de distribución o los distintos locales de ventas, cubriendo largas distancias en una infraestructura vial que tiene mucho por crecer.
A cargo de la gerencia logística de la compañía, Diego Passeron, señaló que en esa planta bonaerense se cargan por día aproximadamente unos 90 camiones de 20.000 kilos promedio de los cuales 65 unidades se destinan a productos secos y el resto a alimentos refrigerados.
¿Cómo está diseñado el esquema de transporte de la empresa?
—Nosotros somos básicamente grandes dadores de carga hacia el interior del país, especialmente al sur, donde nació La Anónima y donde somos más fuertes. No tenemos unidades de transporte. Sí contratamos una flota de 700 camiones. Algunos pertenecen a grandes empresas, pero la mayoría son propiedad de pymes. Además, contratamos servicios de distribución local para hacer el abastecimiento diario a las sucursales.
Las grandes distancias plantean desafíos importantes, ¿cuáles son los de La Anónima?
—El principal desafío son los kilómetros que nos separan de los centros de distribución y de las bocas donde operamos. Es importante llegar de forma eficiente y competitiva a esos lugares, tanto con productos secos como refrigerados. Es por eso que apuntamos a una red de distribución en la que los centros de transferencia estén cerca de las áreas de producción y que los centros de distribución se encuentren próximos a las sucursales.
¿Qué aspectos tiene en cuenta para asegurarse que el transporte contratado funcione bien?
—Un desafío importante es tener una flota de camiones en buenas condiciones y que el servicio que brinden las empresas sea óptimo. Actualmente tenemos problemas a la hora de conseguir unidades. Como nuestra demanda de carga es estacional, hay un período de octubre a abril en el que se dificulta disponer de camiones, más aún si coincide con las necesidades de otras industrias. Además, el transporte solía ser un sector bastante informal. Hoy, en cambio, los entes regulatorios se han puesto muy estrictos. Debemos cumplir diferentes requerimientos. La exigencia es mucho mayor que hace diez años.
¿Cuál es el estado de los caminos y rutas, principalmente en la Patagonia?
—En general, en la red vial se invirtió poco. Está bastante deteriorada, lo que significa un problema más que entorpece la circulación de las rutas y contribuye a los accidentes, temas que son frecuentes. Los choferes suelen conducir en tramos largos, con presencia de nieve en las rutas según la época del año. El retorno de la carga del sur disminuyó bastante. Eso hizo más lenta o más costosa la vuelta desde la Patagonia.
Con relación a otros modos, ¿qué uso le dan al ferrocarril?
—En La Anónima lo hemos utilizado para uno de los destinos, pero ahora el volumen de carga que enviamos por ferrocarril disminuyó debido al deterioro del servicio ferroviario. Ahora hacemos 80 viajes por mes (alrededor de 20.000 kilos por viaje), desde Capital Federal hasta el Alto Valle de Neuquén. De ahí se distribuye al área de influencia más cercana. En algún momento, llegamos a tener para esa zona el 70% de la carga por tren. Hoy, representa alrededor del 30 por ciento.
¿Tiene complicaciones para importar?
—En el último tiempo, ha tenido cierto impacto. Lo vivimos a través de proveedores. A veces, tenemos más dificultad en importar productos que vendemos que hace un tiempo atrás. Lo vamos sorteando y nos adaptamos
a las normativas de cada momento.
¿Cómo implementan la tecnología en sus operaciones?
—La Anónima siempre está incorporando tecnología para mejorar su trabajo. Lo hemos hecho en toda nuestra cadena de abastecimiento. En ese sentido, siempre hemos sido pioneros. Es un recurso que se mete en todos los aspectos de la industria. Por ejemplo, hoy utilizamos tecnología para controlar nuestra flota de camiones, lo que nos permite realizar un seguimiento estricto de los productos refrigerados.
¿Cuáles son los planes a futuro?
—La compañía siempre ha tenido una trayectoria de crecimiento, que permite gestionar a largo plazo. Lo hemos hecho sin demasiados inconvenientes, atándonos a los desafíos del día a día. Por lo pronto, se amplió el centro de operaciones en Ituzaingó, en el área de secos, y también se invirtió en un almacén automático para productos refrigerados, que tiene una capacidad para 1400 pallets. De esta manera, se dio más espacio a las operaciones.
¿Qué importancia tuvo para el sector el código de barras?
—En general, impactó en distintos aspectos de la industria y, en particular, en los supermercados. Posibilitó una gran mejora en la eficiencia y en la gestión de la información. Después se extendió a otros sectores, como la logística. Nosotros lo aplicamos en toda la cadena. Si bien la tecnología de identificación se mantuvo más o menos igual, lo que progresó fue a tecnología para imprimir y capturar esos códigos de barras, además de la capacidad de procesar la información. Luego, aparecieron otras formas de identificación, como códigos bidimensionales o electrónicos.


