Alejandro Rodríguez, presidente de GS1 Argentina
El código de barras para la identificación de mercaderías a lo largo de la cadena de suministro llegó a la Argentina hace 30 años. Comenzó a instrumentarse así un sistema que otorgó confiabilidad y mayor velocidad a toda la gestión de la mercadería, desde la salida de planta hasta el paso por la caja registradora. En la segunda mitad del siglo 21, el comercio minorista cambió sustancialmente y pasó de la tarea manual de cada una de las operaciones administrativas a la automatización de la información de toda la cadena logística, gracias a la aparición del código de barras, que se constituyó en un lenguaje único para la economía.
Hasta entonces, en el comercio minorista, la marcación de los precios en los supermercados se hacía con etiquetadoras, en cada artículo. La tarea implicaba horas de trabajo manual y errores que significaban importantes pérdidas y altos costos administrativos.
Para agilizar la gestión de cajas y optimizar los controles de stock, la US National Association of Food Chains desarrolló un sistema de automatización. En junio de 1974, en Ohio, fue entregado el primer producto con código de barras: una caja con envases de chicles. El sistema, con algunos cambios, llegó a Europa y se fundó EAN International, que administraría el sistema en todo el mundo.
En 1984 la Cámara Argentina de Supermercados comenzó a tramitar la incorporación del país como miembro de EAN y, poco después, la entidad internacional le confirmó el ingreso y le otorgó el prefijo 779. En coincidencia, hace 30 años, se estableció GS1 Argentina, para administrar el código de barras en el país.
El presidente de GS1, Alejandro Rodríguez, destacó que «hay varias formas de ver las ventajas que se lograron al implementar el código de barras: «Desde el punto de vista puramente práctico resulta acceder a información de bienes o artículos en forma inmediata, completa y sin errores, en un mundo en el que la diversidad de productos continúa aumentando en forma exponencial».
Un estándar mundial
«Basta imaginar a una cajera de un supermercado sin el soporte de simplificación que le brinda el sistema. Ni hablar de lo que representa hacia adentro de la organización, por ejemplo en la administración y la cadena de abastecimiento. Otro alcance, tal vez más importante, es que el sistema de GS1 es un estándar mundial difundido en más de 110 países. Un solo código que puede ser leído en cualquier parte del planeta», enfatizó.
Rodríguez agregó: «Pensemos además, cómo serían los envases si, en lugar de tener un sólo código de barras, llevaran impresos cinco o diez, para después tener que adivinar cuál es el que se usa en ese país o negocio».
El directivo hizo hincapié en que «la codificación estándar GS1 en sus diferentes versiones y formatos es utilizada a través de todas las cadenas de abastecimiento, generando mejoras en eficiencia, reducción de gastos y un servicio superior al consumidor final».
Respecto del porcentaje de productos del mercado que están identificados en el país, Rodríguez explicó que «para no caer en alguna estimación que pueda ser cuestionada, lo mejor es atenerse a los datos que maneja GS1 Argentina, los que confirman un total de 9500 asociados y más de 4,5 millones de productos identificados con un código de barras».
«Todos esos productos que siguen activos son pasados todos los días por las cajas registradoras de todo el país en todo momento», consignó, tras mencionar algunas de las categorías de productos codificados: alimentos y bebidas, cuidado del hogar, belleza e higiene, medicamentos, construcción, indumentaria y electrodomésticos, entre otros.
Sobre el futuro del sistema y la posibilidad de que sea reemplazado por otros códigos como el QR ( Quick Response), el Rfid ( de identificación por radiofrecuencia), Rodríguez reconoció que «el portafolio de códigos de identificación GS1 ya está probado».
Añadió que tiene «disponible una variedad de códigos con mayor contenido de información que el clásico GTIN 13 que todos conocemos, como por ejemplo el código GS1 Datamatrix, el GS1 Databar o el GS1 128 que permite codificar más de 140 atributos; esa información incluye: lotes de producción, fecha de vencimiento y número de serie. Y los códigos que la contienen cuentan con diferentes formas de lectura: lineales o en barras, bidimensionales o por radiofrecuencia, un sistema de alta eficiencia, velocidad y visibilidad a través de toda la cadena de valor».
El ejecutivo dijo que toda esta cartera de herramientas de identificación brindan el soporte necesario para la trazabilidad y la sustentabilidad. «Hoy están en etapa de desarrollo pero, en lo que hace a formas de identificación, ya están listas para ser usadas», concluyó.


