Luego de vivir en su Ucrania natal y en España, Orest se radicó en la Argentina, donde el curso
de Chofer Profesional le abrió las puertas a una nueva vida. Orest Youritchouk nació hace 43 años en Chernovtsi, una
ciudad de Ucrania cercana a la frontera con Rumania,
donde hoy siguen viviendo sus padres y hermana. Sin
embargo, su vida quedó pegada a la Argentina, donde
vive con su esposa rusa y sus tres hijos españoles.
En una síntesis de su vida, Orest recordó: «En Ucrania hice
de todo en lo que podía trabajar. Trabajé en construcción,
en transporte, hice la colimba, como se dice acá. Cuando
llegué a la Argentina en 1996, no la pasé bien, por las dificultades
en el idioma, ahora estoy más canchero: tomo
mate, como asado y que no falte Malbec en la mesa. ¡No
me voy más!», enfatizó.
«Entre idas y vueltas, llevo 12 años en la Argentina.
Siempre trabajé en el rubro del transporte, pero nunca
con vehículos grandes. Estaba buscando una forma
de aprender a manejarlos, porque no es sencillo pasar
de un balancín o una camioneta a un tanque. Entonces,
vi la oportunidad del curso de la FPT, fui a preguntar a
Sánchez de Bustamante, lo hice y arranqué. Fue hace un
año y medio, en la edición 25», relató.
Terminado el curso, Youritchouk comenzó su búsqueda
laboral. «Llegué a repartir 40 currículum por fin de semana,
a todos los transportes desde Quilmes, Lanús, Parque
Patricios, Camino de Cintura, Don Torcuato, Tortuguitas a
Pilar. Muchos me pedían siete años de experiencia, hasta
que en Logística y Servicios Integrales me dieron la
oportunidad. Ahora, estoy en mi casa».
«Estoy acá desde hace un año. Con diferentes equipos,
diferentes camiones, diferentes productos que constantemente
cambian», explicó y completó: «Previo a entrar
acá tuve que hacer capacitación en carga general y en
peligrosa y después hice la renovación, en abril pasado».
Dijo que «tenía un servicio fijo con hipoclorito que es un
«trampolín»: es sencillo aunque con sus complejidades,
por la carga, la descarga, los cuidados, los horarios. Es
local, pero implicaba también ruta, por lo que hay que
estar pendiente. Ahora, no le tengo miedo a nada, ni a
camión chico o grande, ni a tener que hacer maniobras.
La primera vez que hice marcha atrás cargado hice como
diez maniobras. Ahora, no es «de taquito» pero va mejor».
Indicó que cambió el servicio, y que «ya hice tres viajes a
Córdoba, dos Catamarca, con mayor confianza. Para el
último «tardé un día y medio, los mil cuatrocientos kilómetros
los hice tranquilo: arranqué tempranito. Siempre
con la ruta acordada. En el curso, nos dieron la noción de lo que es un viaje, de cómo hay que armarlo y programarlo
y acá te programan, para que el día anterior
puedas preparar tu bolso, la plata y ver hasta dónde vas
a llegar y qué vas a llevar».
Los años
Varias veces, Orest se pregunta: «¿Cuando estás en una
casa, cómodo y se come rico, te vas a ir a otro lado? No,
por favor», se responde. Sin embargo, luego de la primera
estadía de cinco años en la Argentina, durante la que
trabajó en una empresa de seguridad, el ucraniano regresó
a Europa.
«En 2001 recibí la ciudadanía argentina. Pero, me agarró
el corralito y me hice argentino en serio, de golpe. Por
eso, volví a Ucrania, de donde me había ido por la mala
situación económica y no quería que me volviera a pasar
lo mismo», rememora.
Explicó que en esos años «Ucrania no se levantaba, acá
no tenía nada y me quedé girando por Europa. Entonces,
en España conocí a mi señora y nacieron los chicos. En
2010, apareció una oferta de trabajo en la Argentina, que
finalmente fue un engaño, pero vinimos con ocho maletas
y ocho mil Euros y a empezar de nuevo y acá seguimos
y no nos vamos».
Agregó que siempre estuvo en el rubro del transporte:
«En España trabajé en una marmolería, en el reparto, en
montaje. Desde la fábrica llevábamos las planchas a los
clientes, con chasis con balancín. Siempre estuve en esto.
Antes, cuando se abrieron las fronteras de la ex Unión
Soviética y comenzó a haber comercio, viajaba a Polonia,
Rusia, Hungría, Rumania, en transportes chicos o medianos,
608 o 710, hasta 911, pero nunca más grandes».
Sobre el curso, Youritchouk aseguró que «todas las cosas
que nos dieron, se aprenden para la vida laboral. La vuelta,
mirar, escuchar. Costó hacerlo como rutina, porque en
el curso hay mucha información. Se ve en los neumáticos
cuánto tiene de presión, tiene Vigía, cómo están las
gomas. Si el equipo está bien, completo, aún así no debe
faltar el oído, mirar, verificar. Todo eso viene con la práctica,
con experiencia. Al principio no es fácil».
Reconoció que muchos choferes que no hicieron el curso
«tienen ‘más cancha’, es indiscutible. Pero llega el momento
en que esa «cancha» juega en contra», y dijo que
«los choferes viejos se quejan porque los obligan a parar.
Pero ante una necesidad, en un viaje programado si
hay una parada prohibida, no importa qué carga sea, se
prohíbe y punto, porque hay posibilidad de robo u otro
problema. Y si lo decide la empresa hay que hacerlo».
Orest se mostró satisfecho con la empresa en la que continúa
desempeñándose y con el trato que le brindan sus
compañeros y directivos, entre ellos Ángel Fuente, un español
que tiene una amplia trayectoria en la FADEEAC y
la FPT. «Me hizo un gran favor, porque nos acercó a seis
alumnos del curso de Chofer Profesional a Logística y
Distribución, para hacer las pruebas, quedamos tres y,
finalmente, quedé yo; encantado de la vida».
de Chofer Profesional le abrió las puertas a una nueva vida. Orest Youritchouk nació hace 43 años en Chernovtsi, una
ciudad de Ucrania cercana a la frontera con Rumania,
donde hoy siguen viviendo sus padres y hermana. Sin
embargo, su vida quedó pegada a la Argentina, donde
vive con su esposa rusa y sus tres hijos españoles.
En una síntesis de su vida, Orest recordó: «En Ucrania hice
de todo en lo que podía trabajar. Trabajé en construcción,
en transporte, hice la colimba, como se dice acá. Cuando
llegué a la Argentina en 1996, no la pasé bien, por las dificultades
en el idioma, ahora estoy más canchero: tomo
mate, como asado y que no falte Malbec en la mesa. ¡No
me voy más!», enfatizó.
«Entre idas y vueltas, llevo 12 años en la Argentina.
Siempre trabajé en el rubro del transporte, pero nunca
con vehículos grandes. Estaba buscando una forma
de aprender a manejarlos, porque no es sencillo pasar
de un balancín o una camioneta a un tanque. Entonces,
vi la oportunidad del curso de la FPT, fui a preguntar a
Sánchez de Bustamante, lo hice y arranqué. Fue hace un
año y medio, en la edición 25», relató.
Terminado el curso, Youritchouk comenzó su búsqueda
laboral. «Llegué a repartir 40 currículum por fin de semana,
a todos los transportes desde Quilmes, Lanús, Parque
Patricios, Camino de Cintura, Don Torcuato, Tortuguitas a
Pilar. Muchos me pedían siete años de experiencia, hasta
que en Logística y Servicios Integrales me dieron la
oportunidad. Ahora, estoy en mi casa».
«Estoy acá desde hace un año. Con diferentes equipos,
diferentes camiones, diferentes productos que constantemente
cambian», explicó y completó: «Previo a entrar
acá tuve que hacer capacitación en carga general y en
peligrosa y después hice la renovación, en abril pasado».
Dijo que «tenía un servicio fijo con hipoclorito que es un
«trampolín»: es sencillo aunque con sus complejidades,
por la carga, la descarga, los cuidados, los horarios. Es
local, pero implicaba también ruta, por lo que hay que
estar pendiente. Ahora, no le tengo miedo a nada, ni a
camión chico o grande, ni a tener que hacer maniobras.
La primera vez que hice marcha atrás cargado hice como
diez maniobras. Ahora, no es «de taquito» pero va mejor».
Indicó que cambió el servicio, y que «ya hice tres viajes a
Córdoba, dos Catamarca, con mayor confianza. Para el
último «tardé un día y medio, los mil cuatrocientos kilómetros
los hice tranquilo: arranqué tempranito. Siempre
con la ruta acordada. En el curso, nos dieron la noción de lo que es un viaje, de cómo hay que armarlo y programarlo
y acá te programan, para que el día anterior
puedas preparar tu bolso, la plata y ver hasta dónde vas
a llegar y qué vas a llevar».
Los años
Varias veces, Orest se pregunta: «¿Cuando estás en una
casa, cómodo y se come rico, te vas a ir a otro lado? No,
por favor», se responde. Sin embargo, luego de la primera
estadía de cinco años en la Argentina, durante la que
trabajó en una empresa de seguridad, el ucraniano regresó
a Europa.
«En 2001 recibí la ciudadanía argentina. Pero, me agarró
el corralito y me hice argentino en serio, de golpe. Por
eso, volví a Ucrania, de donde me había ido por la mala
situación económica y no quería que me volviera a pasar
lo mismo», rememora.
Explicó que en esos años «Ucrania no se levantaba, acá
no tenía nada y me quedé girando por Europa. Entonces,
en España conocí a mi señora y nacieron los chicos. En
2010, apareció una oferta de trabajo en la Argentina, que
finalmente fue un engaño, pero vinimos con ocho maletas
y ocho mil Euros y a empezar de nuevo y acá seguimos
y no nos vamos».
Agregó que siempre estuvo en el rubro del transporte:
«En España trabajé en una marmolería, en el reparto, en
montaje. Desde la fábrica llevábamos las planchas a los
clientes, con chasis con balancín. Siempre estuve en esto.
Antes, cuando se abrieron las fronteras de la ex Unión
Soviética y comenzó a haber comercio, viajaba a Polonia,
Rusia, Hungría, Rumania, en transportes chicos o medianos,
608 o 710, hasta 911, pero nunca más grandes».
Sobre el curso, Youritchouk aseguró que «todas las cosas
que nos dieron, se aprenden para la vida laboral. La vuelta,
mirar, escuchar. Costó hacerlo como rutina, porque en
el curso hay mucha información. Se ve en los neumáticos
cuánto tiene de presión, tiene Vigía, cómo están las
gomas. Si el equipo está bien, completo, aún así no debe
faltar el oído, mirar, verificar. Todo eso viene con la práctica,
con experiencia. Al principio no es fácil».
Reconoció que muchos choferes que no hicieron el curso
«tienen ‘más cancha’, es indiscutible. Pero llega el momento
en que esa «cancha» juega en contra», y dijo que
«los choferes viejos se quejan porque los obligan a parar.
Pero ante una necesidad, en un viaje programado si
hay una parada prohibida, no importa qué carga sea, se
prohíbe y punto, porque hay posibilidad de robo u otro
problema. Y si lo decide la empresa hay que hacerlo».
Orest se mostró satisfecho con la empresa en la que continúa
desempeñándose y con el trato que le brindan sus
compañeros y directivos, entre ellos Ángel Fuente, un español
que tiene una amplia trayectoria en la FADEEAC y
la FPT. «Me hizo un gran favor, porque nos acercó a seis
alumnos del curso de Chofer Profesional a Logística y
Distribución, para hacer las pruebas, quedamos tres y,
finalmente, quedé yo; encantado de la vida».


