La incidencia del Estado en la generación y aumento de los costos logísticos
son determinantes para el transporte.
Los camiones son un eslabón prioritario de la cadena productiva, porque
acercan las mercaderías desde el lugar de origen hacia su destino. Tal vez
por eso, se piensa de forma errónea que el empresario transportista es
responsable del encarecimiento de la cadena y que le reporta ganancias
importantes.
Sin embargo, hay que destacar que más del 73 por ciento del precio final
de un flete está compuesto por variables que el sector no puede manejar.
En esa cuestión, el peso que tiene el Estado es clave porque representa
aproximadamente el 40 por ciento de esa tarifa final.
Si los distintos organismos estatales no colaboran para que disminuyan
los gastos y aumente la rentabilidad del rubro, el transporte seguirá comprometiendo
su desarrollo. Para una actividad que marca el termómetro
de la economía, no es un dato menor. En ese sentido, vale recordar que el
precio del combustible hoy lo fija el Estado, por lo que el 50 por ciento de
los costos totales de cada operación es de su responsabilidad.
Después de un año de expectativas en baja y de una recuperación económica
que no termina de materializarse, consideramos fundamental afianzar
el trabajo en conjunto entre los sectores público y privado. Para que el
transporte pueda invertir necesita mejorar su rentabilidad.
Los números están a la vista. Este año fue duro, las ecuaciones no cierran
y las empresas atraviesan una situación difícil. Si se tienen en cuenta las
estimaciones de la economía para 2017, la proyección, no obstante, es positiva.
Nada mejor para el conjunto de la sociedad que un país cada vez
más competitivo, con mayor productividad y previsibilidad.
Esperamos que el país encuentre las soluciones que le permitan generar
todo su potencial. Están las materias primas, las herramientas y las capacidades
para hacer un 2017 que inicie la senda del crecimiento. Entre
todos podemos lograrlo.
son determinantes para el transporte.
Los camiones son un eslabón prioritario de la cadena productiva, porque
acercan las mercaderías desde el lugar de origen hacia su destino. Tal vez
por eso, se piensa de forma errónea que el empresario transportista es
responsable del encarecimiento de la cadena y que le reporta ganancias
importantes.
Sin embargo, hay que destacar que más del 73 por ciento del precio final
de un flete está compuesto por variables que el sector no puede manejar.
En esa cuestión, el peso que tiene el Estado es clave porque representa
aproximadamente el 40 por ciento de esa tarifa final.
Si los distintos organismos estatales no colaboran para que disminuyan
los gastos y aumente la rentabilidad del rubro, el transporte seguirá comprometiendo
su desarrollo. Para una actividad que marca el termómetro
de la economía, no es un dato menor. En ese sentido, vale recordar que el
precio del combustible hoy lo fija el Estado, por lo que el 50 por ciento de
los costos totales de cada operación es de su responsabilidad.
Después de un año de expectativas en baja y de una recuperación económica
que no termina de materializarse, consideramos fundamental afianzar
el trabajo en conjunto entre los sectores público y privado. Para que el
transporte pueda invertir necesita mejorar su rentabilidad.
Los números están a la vista. Este año fue duro, las ecuaciones no cierran
y las empresas atraviesan una situación difícil. Si se tienen en cuenta las
estimaciones de la economía para 2017, la proyección, no obstante, es positiva.
Nada mejor para el conjunto de la sociedad que un país cada vez
más competitivo, con mayor productividad y previsibilidad.
Esperamos que el país encuentre las soluciones que le permitan generar
todo su potencial. Están las materias primas, las herramientas y las capacidades
para hacer un 2017 que inicie la senda del crecimiento. Entre
todos podemos lograrlo.


