La actividad del transporte marcha por un sendero cada vez más angosto.
El contexto económico actual está llevando a este sector fundamental
para el país a un estado en el que ya no se discute en términos de crecimiento,
sino de supervivencia. Las empresas transportistas en su gran
mayoría pymes soportan fuertes aumentos en los costos, por lo que el
margen de resistencia es cada vez menor.
A corto plazo, la situación presenta un escenario dramático para el empresariado
del rubro. Desde hace mucho tiempo no se daba un panorama tan
desalentador para la negociación de paritarias. El presente inflacionario y
las expectativas de su comportamiento para el resto del año, dejan a las
empresas atadas de pies y de manos, ya que se encuentran imposibilitadas
de trasladar los costos cada vez más altos a sus clientes.
Se sabe que el combustible es vital para el transporte. Parece necesario
recordar que el 95% de las cargas se transportan por camión.
Lamentablemente este insumo ha tenido porcentualmente el incremento
más grande en los últimos 10 años. En estas condiciones, para las empresas
la situación diaria se ha tornado calamitosa y pensar en las posibilidades
de realizar inversiones es directamente utópico.
La pérdida constante de rentabilidad es moneda corriente. Los esfuerzos
por conservar el nivel de empleo son titánicos. La magnitud del gasto parece
no tener techo. Como si fuera poco, los transportistas tienen que correr
con otra clase de deficiencias que van en contra de su competitividad.
Para dar sólo dos ejemplos: el mal estado de los caminos y las demoras
en los pasos de frontera.
Esta es la realidad del sector y la perspectiva es desalentadora. El transporte
de cargas necesita con urgencia contar con recursos de emergencia,
tanto impositivos, en peajes, combustibles, financieros, etc., que permitan
esperar la recuperación de la actividad y el desarrollo del país que, desde
ya, intentamos acompañar.
El contexto económico actual está llevando a este sector fundamental
para el país a un estado en el que ya no se discute en términos de crecimiento,
sino de supervivencia. Las empresas transportistas en su gran
mayoría pymes soportan fuertes aumentos en los costos, por lo que el
margen de resistencia es cada vez menor.
A corto plazo, la situación presenta un escenario dramático para el empresariado
del rubro. Desde hace mucho tiempo no se daba un panorama tan
desalentador para la negociación de paritarias. El presente inflacionario y
las expectativas de su comportamiento para el resto del año, dejan a las
empresas atadas de pies y de manos, ya que se encuentran imposibilitadas
de trasladar los costos cada vez más altos a sus clientes.
Se sabe que el combustible es vital para el transporte. Parece necesario
recordar que el 95% de las cargas se transportan por camión.
Lamentablemente este insumo ha tenido porcentualmente el incremento
más grande en los últimos 10 años. En estas condiciones, para las empresas
la situación diaria se ha tornado calamitosa y pensar en las posibilidades
de realizar inversiones es directamente utópico.
La pérdida constante de rentabilidad es moneda corriente. Los esfuerzos
por conservar el nivel de empleo son titánicos. La magnitud del gasto parece
no tener techo. Como si fuera poco, los transportistas tienen que correr
con otra clase de deficiencias que van en contra de su competitividad.
Para dar sólo dos ejemplos: el mal estado de los caminos y las demoras
en los pasos de frontera.
Esta es la realidad del sector y la perspectiva es desalentadora. El transporte
de cargas necesita con urgencia contar con recursos de emergencia,
tanto impositivos, en peajes, combustibles, financieros, etc., que permitan
esperar la recuperación de la actividad y el desarrollo del país que, desde
ya, intentamos acompañar.


