Las características de comportamiento de quienes manejan no se tienen en cuenta cuando
se establecen regulaciones. Podría llamarse «cultura de la calle» o más científicamente
«antropología vial» el contexto en el que además de los cuerpos
metálicos que son los vehículos, están quienes los conducen.
«Se pueden tener mejores rutas, mejores normativas
y más controles, pero si además de todo eso no se tiene en
cuenta el factor humano nada cambiará» en beneficio de la
seguridad vial. El investigador argentino Pablo Wright tuvo la
oportunidad de encontrarse en el extranjero con un campo
vial absolutamente distinto al local, donde «todo está muy
señalizado y la gente tiene incorporado seguir las instrucciones.
Nosotros manejamos burlando un sistema opresor
con el cual sentimos que no tenemos nada que ver. Somos
transgresores, porque es lo que nos han ido transmitiendo».
Es nuestra cultura.
Revista FADEEAC: ¿Somos peores o distintos?
Pablo Wright: Distintos. Ni mejores ni peores. Cuando a
principio de los 90 viajé a Estados Unidos con una beca del
Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas) para hacer un doctorado (se dedica al estudio
de las comunidades aborígenes de nuestro país) estuve tres
años seguidos en Philadelphia. Al principio, yo manejaba a
lo argentino, como estacionar adonde uno ve que lo hace
otro y así me llegaron multas por correo, porque allá es
algo impersonal. Acá en la bocacalle pasan flujos adonde
siempre puede el más grande. Allá pasan de a uno por cada
mano y no hay que negociar; es así. En otros lugares, del
mundo sajón sobre todo, a nadie se le ocurriría llevar carga
de más en el camión. RF: ¿De sus observaciones surgió el estudio que sigue profundizando?
PW: Sí, digamos que esto comenzó por casualidad; en 2000
presenté un primer trabajo y en 2004 formamos el equipo
académico Culturalia en la UBA (Universidad de Buenos
Aires), con la participación de sociólogos, antropólogos,
educadores y, según la investigación, convocamos a más
profesionales. El trabajo principalmente es el de hacer observaciones
en la calle, ver el comportamiento según las diferentes
edades y géneros; si en las bocacalles se cumple el
derecho de paso; si llevan puesto el cinturón; si llevan chicos
sueltos o sujetos, adelante o atrás; si dejan pasar o no al peatón;
y después ver lo que llamamos transgresiones a las normas,
como pasar por donde no corresponde; no usar casco;
o ir a una velocidad mayor a la permitida, que es lo más grave
de todo. En 2011 y 2012 hicimos un trabajo aplicado para
la Defensoría del pueblo de la provincia de Buenos Aires y
algunas acciones para la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
(Ver recuadro) RF: ¿Nos justifica que nuestras conductas viales respondan a
nuestra idiosincrasia?
PW: Sabemos que lo vial es un hecho colectivo dentro de
contextos sociohistóricos definidos que hacen a nuestra
cultura. Ahora, si los accidentes viales son una de las principales
causas de muerte en la Argentina, tenemos un problema.
Además de las pérdidas económicas que acarrea. Entonces, hay
que empezar a hablar de esto. Primero hay que sacarlo de la coyuntura,
con un lenguaje más científico, más académico, para
que nadie se sienta amenazado. El chofer del camión y el propietario
tienen que evaluar costo beneficio, porque a veces es
mejor invertir en educación y después bajará la tasa de siniestralidad;
pero no por una cuestión moral, sino por la responsabilidad
de mis acciones y la repercusión que tienen en los demás.
RF: ¿Impactaron las últimas campañas preventivas realizadas,
especialmente durante el verano en la Costa Atlántica?
PW: Falta que sean iguales en todos lados. Mendoza no puede
hacer una campaña voluntariosa; hay que tener voluntad, pero
también una planificación sobre qué queremos transformar y
dónde actuamos para eso. Tiene que ser algo aunado, no
uno por acá y otro por allá. Y con un lenguaje donde lo
político no entre y lo contamine. Con una política de Estado
que pueda federalizar.
RF: ¿Le cabe la iniciativa al Estado?
PW: En otros países fue el Estado el que tomó el toro
por las astas y, según el país, a veces las corporaciones.
Pero no tenemos que esperar a que nos llamen.
Hay que tomar la iniciativa. Esto es un proceso que
lleva mucho tiempo, pero industriales y empresarios
pueden intervenir. Sucede que estamos en el cortoplacismo,
que es malo para la infraestructura y esto
ya está estudiado; no es una crítica a este gobierno,
son modelos. El mediano plazo no tiene rédito económico
inmediato, pero tiene un rédito cultural que
levanta la calidad de vida.
RF: ¿Llegaremos a cambiar la calle?
PW: Tenemos que educar a los chicos y reeducar a los
grandes. Generar una conciencia ciudadana vial que no
va desconectada de otras cuestiones sociales. La realidad
es transformable, pero hay que reconocer que los
problemas viales son producto de un sistema y hay que
ver con mucha creatividad cómo transformarlo, con
consensos entre el poder público, las corporaciones y
el poder económico.//
Fuente: Transporte & Logística La Nación Rebeldes viales «Si mejoramos nuestra forma de manejar y de
conducirnos en la vía pública habremos cambiado
la sociedad en la que vivimos». Con esta premisa,
la Agencia Nacional de Seguridad Vial difundió
dos cortos por Canal Encuentro: Rebeldes viales y
Cuerpos Metálicos (se pueden ver por Internet), en
los que muestra y analiza la antropología vial local,
con contenidos producidos por Pablo Wright y con
entrevistas a conductores de autos, colectivos y
camiones, quienes reconocen las transgresiones
que se cometen en la calle y dan testimonio sobre la
necesidad de ser más responsables.
se establecen regulaciones. Podría llamarse «cultura de la calle» o más científicamente
«antropología vial» el contexto en el que además de los cuerpos
metálicos que son los vehículos, están quienes los conducen.
«Se pueden tener mejores rutas, mejores normativas
y más controles, pero si además de todo eso no se tiene en
cuenta el factor humano nada cambiará» en beneficio de la
seguridad vial. El investigador argentino Pablo Wright tuvo la
oportunidad de encontrarse en el extranjero con un campo
vial absolutamente distinto al local, donde «todo está muy
señalizado y la gente tiene incorporado seguir las instrucciones.
Nosotros manejamos burlando un sistema opresor
con el cual sentimos que no tenemos nada que ver. Somos
transgresores, porque es lo que nos han ido transmitiendo».
Es nuestra cultura.
Revista FADEEAC: ¿Somos peores o distintos?
Pablo Wright: Distintos. Ni mejores ni peores. Cuando a
principio de los 90 viajé a Estados Unidos con una beca del
Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas
y Técnicas) para hacer un doctorado (se dedica al estudio
de las comunidades aborígenes de nuestro país) estuve tres
años seguidos en Philadelphia. Al principio, yo manejaba a
lo argentino, como estacionar adonde uno ve que lo hace
otro y así me llegaron multas por correo, porque allá es
algo impersonal. Acá en la bocacalle pasan flujos adonde
siempre puede el más grande. Allá pasan de a uno por cada
mano y no hay que negociar; es así. En otros lugares, del
mundo sajón sobre todo, a nadie se le ocurriría llevar carga
de más en el camión. RF: ¿De sus observaciones surgió el estudio que sigue profundizando?
PW: Sí, digamos que esto comenzó por casualidad; en 2000
presenté un primer trabajo y en 2004 formamos el equipo
académico Culturalia en la UBA (Universidad de Buenos
Aires), con la participación de sociólogos, antropólogos,
educadores y, según la investigación, convocamos a más
profesionales. El trabajo principalmente es el de hacer observaciones
en la calle, ver el comportamiento según las diferentes
edades y géneros; si en las bocacalles se cumple el
derecho de paso; si llevan puesto el cinturón; si llevan chicos
sueltos o sujetos, adelante o atrás; si dejan pasar o no al peatón;
y después ver lo que llamamos transgresiones a las normas,
como pasar por donde no corresponde; no usar casco;
o ir a una velocidad mayor a la permitida, que es lo más grave
de todo. En 2011 y 2012 hicimos un trabajo aplicado para
la Defensoría del pueblo de la provincia de Buenos Aires y
algunas acciones para la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
(Ver recuadro) RF: ¿Nos justifica que nuestras conductas viales respondan a
nuestra idiosincrasia?
PW: Sabemos que lo vial es un hecho colectivo dentro de
contextos sociohistóricos definidos que hacen a nuestra
cultura. Ahora, si los accidentes viales son una de las principales
causas de muerte en la Argentina, tenemos un problema.
Además de las pérdidas económicas que acarrea. Entonces, hay
que empezar a hablar de esto. Primero hay que sacarlo de la coyuntura,
con un lenguaje más científico, más académico, para
que nadie se sienta amenazado. El chofer del camión y el propietario
tienen que evaluar costo beneficio, porque a veces es
mejor invertir en educación y después bajará la tasa de siniestralidad;
pero no por una cuestión moral, sino por la responsabilidad
de mis acciones y la repercusión que tienen en los demás.
RF: ¿Impactaron las últimas campañas preventivas realizadas,
especialmente durante el verano en la Costa Atlántica?
PW: Falta que sean iguales en todos lados. Mendoza no puede
hacer una campaña voluntariosa; hay que tener voluntad, pero
también una planificación sobre qué queremos transformar y
dónde actuamos para eso. Tiene que ser algo aunado, no
uno por acá y otro por allá. Y con un lenguaje donde lo
político no entre y lo contamine. Con una política de Estado
que pueda federalizar.
RF: ¿Le cabe la iniciativa al Estado?
PW: En otros países fue el Estado el que tomó el toro
por las astas y, según el país, a veces las corporaciones.
Pero no tenemos que esperar a que nos llamen.
Hay que tomar la iniciativa. Esto es un proceso que
lleva mucho tiempo, pero industriales y empresarios
pueden intervenir. Sucede que estamos en el cortoplacismo,
que es malo para la infraestructura y esto
ya está estudiado; no es una crítica a este gobierno,
son modelos. El mediano plazo no tiene rédito económico
inmediato, pero tiene un rédito cultural que
levanta la calidad de vida.
RF: ¿Llegaremos a cambiar la calle?
PW: Tenemos que educar a los chicos y reeducar a los
grandes. Generar una conciencia ciudadana vial que no
va desconectada de otras cuestiones sociales. La realidad
es transformable, pero hay que reconocer que los
problemas viales son producto de un sistema y hay que
ver con mucha creatividad cómo transformarlo, con
consensos entre el poder público, las corporaciones y
el poder económico.//
Fuente: Transporte & Logística La Nación Rebeldes viales «Si mejoramos nuestra forma de manejar y de
conducirnos en la vía pública habremos cambiado
la sociedad en la que vivimos». Con esta premisa,
la Agencia Nacional de Seguridad Vial difundió
dos cortos por Canal Encuentro: Rebeldes viales y
Cuerpos Metálicos (se pueden ver por Internet), en
los que muestra y analiza la antropología vial local,
con contenidos producidos por Pablo Wright y con
entrevistas a conductores de autos, colectivos y
camiones, quienes reconocen las transgresiones
que se cometen en la calle y dan testimonio sobre la
necesidad de ser más responsables.


