Cecilia Conci, coordinadora de las carreras de Logística de la Universidad Provincial de Ezeiza, analizó la formación en logística frente a cambios constantes.
Nuestros profesionales tienen que salir preparados para la logística de los próximos años.
Entre sus propuestas académicas, la Universidad Provincial de Ezeiza (UPE) ofrece la Licenciatura en Logística y la Tecnicatura Universitaria en Logística, cada una con contenidos diferenciados. El objetivo es formar a los estudiantes para un entorno cambiante, con un lugar desatacado para los avances de la inteligencia artificial, promoviendo un desarrollo ético y crítico en los futuros profesionales.
En ese contexto, la entidad creó el Centro de Investigación en Movilidad y Logística (Cimlog), que funciona como el área de investigación de la carrera y tiene como finalidad promover la producción de conocimiento.
Otras oportunidades vigentes son los cursos de posgrado, como los de Costos Logísticos, Materiales Peligrosos o el de Logística para la Industria Farmacéutica.
Cecilia Conci, coordinadora de las carreras de la UPE, enfatizó las acciones y proyectos de la entidad frente a los desafíos de formar a estudiantes en el mercado logística actual y a futuro.
Si antes el perfil de los inscriptos estaba compuesto mayormente por personas ya incorporadas a la industria, hoy las aulas están habitadas por jóvenes recién egresados del colegio secundario.
El cambio implicó un nuevo reto, entre tantos otros, observó la directiva. Ante ese escenario, la UPE apunta a incrementar las pasantías y las visitas técnicas, con foco en la investigación aplicada, el desarrollo del conocimiento en el sector y la colaboración con entidades y empresas del ámbito privado.
¿Cuál es el enfoque de la universidad sobre la enseñanza de la logística?
Vemos a la logística como un proceso, o como una concatenación de procesos. Desde la formación, es importante incorporar en el ADN de los futuros profesionales determinadas cuestiones vinculadas con el desarrollo ético de su profesión. El enfoque que estamos dando se relaciona con materias orientadas al cuidado del medio ambiente, el control de la huella de carbono y aspectos de ese tipo. Esta visión no responde solo a la necesidad de proteger el ambiente, sino también a la importancia de que quienes se gradúen tengan estos temas presentes. En el mediano o largo plazo, incluso, pueden convertirse en una barrera para la exportación, especialmente a partir de las regulaciones vigentes en la comunidad europea.
¿Cómo plantean ese desafío para que el estudiante egrese lo mejor preparado posible?
Nuestros profesionales tienen que salir preparados para la logística de los próximos años. Creo que hoy lo que más pesa es el cambio, el cambio tecnológico y de paradigmas, y los profesores tienen que contar con las herramientas adecuadas. En la licenciatura hay una materia específica sobre tecnologías aplicadas a la logística y sobre cómo evoluciona esa tecnología. Lo que se estudia hoy, en el cuatrimestre que viene ya es viejo. Todavía no sabemos a quién le va a sacar el trabajo la IA, si es que se lo va a sacar a alguien, pero lo que se dice es que se lo va a sacar a aquellas personas que no sepan usarla. Por eso, todos los docentes tienen la responsabilidad de incluir en sus programas el uso práctico de la inteligencia artificial.

¿Qué herramientas les da la Universidad a los profesores para estar capacitados en esa materia?
Hicimos una capacitación de nivelación en el uso de inteligencia artificial. La realidad es que es algo que estamos aprendiendo junto con los estudiantes. Antes de internet, el docente era el depositario o el custodio del conocimiento y, a través de las clases, hacía esa transferencia a los estudiantes. Hoy, el docente está estudiando junto con el estudiante el uso de estas herramientas. Todos estamos un poco abrumados por la inteligencia artificial. Para eso es necesario entrenar el espíritu crítico.
¿Cómo salen de la universidad los estudiantes de logística ya recibidos para enfrentar el mundo laboral?
Hasta el año pasado, el perfil del estudiante de logística respondía a personas que ya estaban trabajando en la industria y buscaban en la universidad un marco teórico de todo el conocimiento empírico con el que contaban. El promedio de edad en la carrera era de 30 a 35 años. Eso cambió totalmente. La característica de quienes ya llevan uno o dos cuatrimestres cursando la carrera es que son personas recién salidas del secundario. Sin dudas, esto sí representa un desafío: no solo baja el promedio de edad, sino que son personas que todavía no están en contacto con la actividad, por lo que estamos incrementando las pasantías y las visitas técnicas a un puerto o a un laboratorio para conocer la operación logística, donde se realiza una simulación de cómo se ven afectados los materiales en el transporte.
¿Qué rol le dan a la investigación?
En estos últimos años hemos crecido mucho en esa área. Es una carrera relativamente nueva, con lo cual tenemos que fortalecer la producción de material académico vinculado a la logística. Por eso estuvimos dando prioridad a este tipo de desarrollos en convenio con el sector privado, para apoyar a empresas que estaban buscando la manera de ser menos contaminantes o más eficientes. Estamos abiertos a desarrollar proyectos de investigación aplicada para aquellas organizaciones que lo necesiten. A su vez, trabajamos con Arlog – Asociación Argentina de Logística Empresaria – en su observatorio, que apunta a generar datos de calidad para el sector y a preparar profesionales para el futuro.




