Un rol central para la competitividad

Datos, tecnología avanzada y coordinación, entre otros actores, redefinen el lugar del transporte y el almacenamiento en la economía regional.


Gheller: La inteligencia detrás de las rutas debe ser tan eficiente como el transporte en sí.


De cara a 2026, la logística aparece como uno de los engranajes centrales de la competitividad empresaria en América Latina. Por lo pronto, es un sector que dejó de operar en segundo plano y hoy influye de manera directa en las decisiones estratégicas de múltiples actividades, en un contexto atravesado por mayor digitalización, regulación y presión por eficiencia.
En ese escenario, se inscribe el análisis de Ángela Gheller, directora de productos para Logística de TOTVS, quien observa un cambio estructural en el rol del segmento.
Según la ejecutiva, la convergencia entre automatización, inteligencia artificial y nuevas reglas tributarias está dando lugar a una logística más autónoma, previsible y con impacto directo en los resultados del negocio. Ya no se trata solo de ejecutar operaciones, sino de participar activamente en la definición de cómo compiten las empresas.
Uno de los ejes centrales de este proceso es la inteligencia artificial, que deja de funcionar únicamente como herramienta de análisis. “La IA pasa a convertirse en un sistema autónomo para la toma de decisiones”, explicó Gheller. En la práctica, esto se traduce en agentes logísticos capaces de planificar, predecir y ejecutar operaciones en tiempo real.
Estas soluciones permiten optimizar rutas en función del tráfico y el clima, anticipar fallas en equipos de almacenes y ajustar el flujo de cargas según la demanda. Desde la gestión, esta automatización inteligente es vista como una vía concreta para mejorar márgenes, reducir riesgos y ganar previsibilidad operativa.
A la par, la IA predictiva aplicada a la planificación de la demanda habilita una integración más profunda entre producción, almacenamiento y transporte. El resultado es una menor acumulación de inventarios ociosos y un mejor nivel de servicio, apoyado en decisiones guiadas por datos.

 

Recalcular
La digitalización también impacta en el plano fiscal y tributario. Para Gheller, la logística fiscal se consolida como uno de los pilares de la rentabilidad empresaria, en un contexto de reformas impositivas en países como Colombia, Argentina, México y Brasil. Esto obliga a repensar las redes logísticas desde una mirada tributaria.
En ese marco, la planificación fiscal pasa a ser parte de la estrategia operativa. “La inteligencia detrás de las rutas debe ser tan eficiente como el transporte en sí”, dijo la especialista, al tiempo que remarca la necesidad de integrar la gestión tributaria a la operación para reducir riesgos y optimizar costos en toda la cadena.
En entornos cada vez más complejos, la visibilidad y la orquestación de datos ganan protagonismo. Plataformas integradas y torres de control logístico, que reúnen información de distintos sistemas y socios, permiten anticipar congestiones y responder con rapidez ante imprevistos.
La capacidad de transformar datos dispersos en decisiones coordinadas es, según Gheller, uno de los factores que hoy definen la resiliencia de las cadenas de suministro. Este enfoque impulsa además el desarrollo de ecosistemas colaborativos, donde transportistas, cargadores y operadores comparten datos y capacidad en tiempo real.

 

 

Transformaciones
La automatización y la robótica profundizan este cambio mediante entornos ciberfísicos, en los que lo físico y lo digital se integran de manera fluida. Robots colaborativos, sistemas de clasificación automatizados y drones de inventario asumen tareas repetitivas y complejas, mientras las personas se enfocan en la supervisión estratégica.
La combinación de IA y robótica está transformando los almacenes en centros cada vez más autónomos. Como ejemplo, la ejecutiva mencionó el centro de distribución de Mercado Libre en Brasil, donde operan más de 100 robots móviles autónomos que trasladan estanterías y pueden transportar hasta 600 kilos por unidad.
La creciente interconexión de sistemas también eleva la relevancia de la ciberseguridad. La dependencia de la nube como infraestructura central exige protocolos sólidos de protección de datos y continuidad operativa, entendiendo la seguridad digital como parte de la resiliencia logística.
La sostenibilidad completa el mapa de prioridades. La presión global por la descarbonización impulsa inversiones en flotas eléctricas, combustibles alternativos, embalajes reutilizables y optimización de rutas para reducir emisiones. Las empresas más avanzadas ya utilizan IA para medir y mitigar su huella de carbono en tiempo real.
Para Gheller, sostenibilidad y rentabilidad avanzan en paralelo. “Reducir desperdicios es eficiencia, y la eficiencia impacta directamente en la rentabilidad”, sostuvo.
Desde esta mirada, la logística de 2026 se define por mayor inteligencia, conexión, autonomía y compromiso ambiental. Un sector que ya no se limita a mover cargas, sino que organiza decisiones y se consolida como uno de los ejes que sostienen los negocios del futuro.