Ana Morán aseguró que nunca se sintió discriminada por su condición de mujer y dijo que su carrera no
interfirió en su vida familiar. Ana Morán dijo estar «convencida de que «entre hombre y mujer
para llegar a un puesto, lo único diferente es la determinación.
nunca tuvo la sensación de que «esto me va a costar porque
soy mujer» y agregó que «cuando una mujer quiere, puede
y no hay trabas para eso».
Directora de Recursos Humanos de Prosegur, empresa en la
que se desempeñan 18.000 personas, y prosecretaria general
de FADEEAC, Morán dijo que la relación laboral «ha evolucionado
en el sentido de que las mujeres antes tenían menos
ambiciones. Tuve compañeras en la facultad que soñaban con
casarse y tener cinco hijos y muchas terminaron la facultad
y no siguieron trabajando. Hace muchos años atrás, era así».
A eso contrapuso que «hoy, la mujer tiene otro tipo de actividad.
Tengo sobrinas de 20 años que van a la facultad, donde por
cada 20 mujeres hay 10 hombres. Es inevitable el cambio cultural
y hoy se ve más a la mujer que antes, simplemente porque
ha cambiado el mundo. Antes, las mujeres decían si tengo
un hijo tengo que dejar de trabajar o trabajar menos. Hoy, en
el equilibrio entre la vida personal y laboral, la mujer acomoda
su historia de otra manera. En esta empresa tenemos varias
mujeres directoras o gerentes».
Ingeniera con gente a cargo durante muchos años, aseguró
que «la carrera no interfirió en mi vida familiar. Nunca lo sentí
así, quizá porque tenía una determinación tomada… Lo hablé
con mi marido, antes de casarnos: para mí es muy importante
trabajar, nunca voy a dejar de hacerlo. No es una cuestión de
género. Puede ser generacional, por eso hay más visibilidad de
las mujeres en actividad. Es una decisión de vida de cada uno».
Morán recordó que la invitaron a foros femeninos y «dije que
no me interesaba. Los equipos mixtos suman: todas mujeres,
todos hombres, hablamos todos de lo mismo, no agrega nada.
No debe haber una competencia con el hombre, tiene que haber
colaboración. No creo en la discriminación. Cuando una
mujer dice «a mí me discriminan» le pregunto: ¿qué hacés para
que te discriminen?».
Llamó a sus congéneres a que «se propongan cosas y las logren.
Es lo mejor que pueden hacer por el género. No debe ser
por una ley. Estoy en desacuerdo en que las mujeres tenemos
que ser el 50% de algo. Eso es discriminatorio. No es discriminatorio
que nosotras busquemos nuestro lugar a partir de una
decisión interior» y reconoció: «Somos menos, pero: ¿cuántas
quieren?».
En cuanto a Prosegur, aceptó que no había mujeres choferes,
por falta de postulación, pero enfatizó que la empresa no discriminaba
por género al tomar empleados. Recordó al respecto,
que en una ocasión se postuló una mujer que, como conductora
era excelente, había quedado viuda y había aprendido
a manejar el camión de su marido, pero no le había ido bien,
«siguió todo el proceso, pero se bajó. También hay hombres
que se postulan y se bajan». Sobre su participación en la conducción de FADEEAC, rodeada
por hombres, dijo que «habría que preguntarle a ellos qué
sienten. Una es como es. Esa es mi esencia. Por las características
del transporte, la mayoría de las empresas tienen un
dueño con nombre y apellido que es el fundador y, a veces,
sus hijos. Son pocas las empresas que son grandes sociedades
dentro de FADEEAC. Muchas veces a ese auditorio, el que
va es el dueño de la empresa y, por las características de la
actividad, son hombres que en su momento empezaron con
un camión».
Una trayectoria intensa
Ana Moran nació en Chivilcoy y, a los 18 años viajó a Buenos
Aires para iniciar su carrera universitaria. «Cuando subí al tren
con mi valija, me dije ‘algún día voy a ser gerente de una gran
empresa’. Empecé a estudiar, me recibí, pero siempre con ese
objetivo: yo planifiqué mi carrera», recordó.
Dos años después tendría su primer puesto con gente a cargo,
como supervisora en la automotriz Kraisler. Reconoció que
«fue una empresa en la que aprendí mucho, porque cuando me
dieron ese cargo lo primero que hicieron fue darme un curso
de conducción de gente; era una empresa muy organizada que
me enseñó mucho y el gerente que tenía también me enseñó
mucho».
En cuanto a sus comienzos en el transporte, recordó que
«fue hace 24 años, en lo que era Transportadora de Caudales
Juncadella, que en el año 2001 fue adquirida por Prosegur. Me
inicié en el área Comercial en desarrollo de nuevos negocios.
Después de un año y medio, pasé a desempeñarme como gerente
de Operaciones, y tras otro año y medio me hice cargo
de la gerencia de Recursos Humanos. Cuando Juncadella fue
adquirida por Prosegur pasé a ser la directora de Recursos
Humanos del grupo».
Morán insistió en que trabajó en muchas empresas «y en ninguna
me sentí discriminada. En todas, ocupé puestos de importancia.
A los 20 años fui la primera supervisora mujer de
una automotriz, diez años después tuve un puesto gerencial
en una compañía, a los 36 entre a esta empresa con puesto
gerencial, hoy soy directora para Argentina, Uruguay, Paraguay
y Chile de recursos humanos. No puedo hablar de discriminación.
Hay otras mujeres pares dentro de la compañía y en el
área administrativa somos más del 50%».
Equipo y delegación
Al referirse a su gestión empresarial, hizo especial hincapié
en que su desafío fue formar su equipo. «Tengo un excelente
grupo de trabajo con gente que, cuando no estoy, me cuidan
las espaldas, y cuando estoy, también. Manejar las relaciones
interpersonales con el resto de la gente de la compañía, con el
resto de los gerentes y delegar, significa confiar en el equipo.
En todo RRHH somos 120 personas a nivel país».
Sostuvo que «delegar tiene muchísimos beneficios, significa
que la gente pueda asumir la responsabilidad de su cargo y
ahí se compromete mucho más con lo que tiene que hacer.
Transmitir que uno confía en que van a tomar la decisión adecuada
en el momento adecuado es muy importante para que
la gente crezca, se fortalezca y asuma compromisos».
«A delegar se aprende y no es fácil, cuando uno empieza su carrera
comete el error de pensar que es el que mejor va a hacer
las cosas, entonces no delega. Cuando uno aprende a formar
un equipo que sepa más que uno, a nivel de estructura técnica,
y empieza a confiar en que el que sabe va a resolver bien,
aprende a delegar y lo más importante es escuchar», consignó.
Sin embargo, enfatizó que «el que tiene un puesto de dirección
tiene la decisión final. Pero, en la mayoría de los casos consensuo
con mi equipo las decisiones que vamos a tomar. Los
planes de acción del año los hacemos en conjunto, no los hago
sola. Cada gerente trae su plan de acción, lo acordamos y lo
vemos juntos, pero el que pone el 80% es él. Yo le digo vamos
hacia acá, armá tu plan y, una vez que lo acordamos, es de él».
«Otra forma de armar un buen equipo, es que sea profesional.
Cuando hablo de profesional no quiere decir que tenga un título
universitario, la mayoría de la gente de mi área lo tiene,
pero mínimamente es cómo hace las cosas, cómo las tomo y
cómo las estudia antes de hacerlas», concluyó la prosecretaria
general de FADEEAC.
interfirió en su vida familiar. Ana Morán dijo estar «convencida de que «entre hombre y mujer
para llegar a un puesto, lo único diferente es la determinación.
nunca tuvo la sensación de que «esto me va a costar porque
soy mujer» y agregó que «cuando una mujer quiere, puede
y no hay trabas para eso».
Directora de Recursos Humanos de Prosegur, empresa en la
que se desempeñan 18.000 personas, y prosecretaria general
de FADEEAC, Morán dijo que la relación laboral «ha evolucionado
en el sentido de que las mujeres antes tenían menos
ambiciones. Tuve compañeras en la facultad que soñaban con
casarse y tener cinco hijos y muchas terminaron la facultad
y no siguieron trabajando. Hace muchos años atrás, era así».
A eso contrapuso que «hoy, la mujer tiene otro tipo de actividad.
Tengo sobrinas de 20 años que van a la facultad, donde por
cada 20 mujeres hay 10 hombres. Es inevitable el cambio cultural
y hoy se ve más a la mujer que antes, simplemente porque
ha cambiado el mundo. Antes, las mujeres decían si tengo
un hijo tengo que dejar de trabajar o trabajar menos. Hoy, en
el equilibrio entre la vida personal y laboral, la mujer acomoda
su historia de otra manera. En esta empresa tenemos varias
mujeres directoras o gerentes».
Ingeniera con gente a cargo durante muchos años, aseguró
que «la carrera no interfirió en mi vida familiar. Nunca lo sentí
así, quizá porque tenía una determinación tomada… Lo hablé
con mi marido, antes de casarnos: para mí es muy importante
trabajar, nunca voy a dejar de hacerlo. No es una cuestión de
género. Puede ser generacional, por eso hay más visibilidad de
las mujeres en actividad. Es una decisión de vida de cada uno».
Morán recordó que la invitaron a foros femeninos y «dije que
no me interesaba. Los equipos mixtos suman: todas mujeres,
todos hombres, hablamos todos de lo mismo, no agrega nada.
No debe haber una competencia con el hombre, tiene que haber
colaboración. No creo en la discriminación. Cuando una
mujer dice «a mí me discriminan» le pregunto: ¿qué hacés para
que te discriminen?».
Llamó a sus congéneres a que «se propongan cosas y las logren.
Es lo mejor que pueden hacer por el género. No debe ser
por una ley. Estoy en desacuerdo en que las mujeres tenemos
que ser el 50% de algo. Eso es discriminatorio. No es discriminatorio
que nosotras busquemos nuestro lugar a partir de una
decisión interior» y reconoció: «Somos menos, pero: ¿cuántas
quieren?».
En cuanto a Prosegur, aceptó que no había mujeres choferes,
por falta de postulación, pero enfatizó que la empresa no discriminaba
por género al tomar empleados. Recordó al respecto,
que en una ocasión se postuló una mujer que, como conductora
era excelente, había quedado viuda y había aprendido
a manejar el camión de su marido, pero no le había ido bien,
«siguió todo el proceso, pero se bajó. También hay hombres
que se postulan y se bajan». Sobre su participación en la conducción de FADEEAC, rodeada
por hombres, dijo que «habría que preguntarle a ellos qué
sienten. Una es como es. Esa es mi esencia. Por las características
del transporte, la mayoría de las empresas tienen un
dueño con nombre y apellido que es el fundador y, a veces,
sus hijos. Son pocas las empresas que son grandes sociedades
dentro de FADEEAC. Muchas veces a ese auditorio, el que
va es el dueño de la empresa y, por las características de la
actividad, son hombres que en su momento empezaron con
un camión».
Una trayectoria intensa
Ana Moran nació en Chivilcoy y, a los 18 años viajó a Buenos
Aires para iniciar su carrera universitaria. «Cuando subí al tren
con mi valija, me dije ‘algún día voy a ser gerente de una gran
empresa’. Empecé a estudiar, me recibí, pero siempre con ese
objetivo: yo planifiqué mi carrera», recordó.
Dos años después tendría su primer puesto con gente a cargo,
como supervisora en la automotriz Kraisler. Reconoció que
«fue una empresa en la que aprendí mucho, porque cuando me
dieron ese cargo lo primero que hicieron fue darme un curso
de conducción de gente; era una empresa muy organizada que
me enseñó mucho y el gerente que tenía también me enseñó
mucho».
En cuanto a sus comienzos en el transporte, recordó que
«fue hace 24 años, en lo que era Transportadora de Caudales
Juncadella, que en el año 2001 fue adquirida por Prosegur. Me
inicié en el área Comercial en desarrollo de nuevos negocios.
Después de un año y medio, pasé a desempeñarme como gerente
de Operaciones, y tras otro año y medio me hice cargo
de la gerencia de Recursos Humanos. Cuando Juncadella fue
adquirida por Prosegur pasé a ser la directora de Recursos
Humanos del grupo».
Morán insistió en que trabajó en muchas empresas «y en ninguna
me sentí discriminada. En todas, ocupé puestos de importancia.
A los 20 años fui la primera supervisora mujer de
una automotriz, diez años después tuve un puesto gerencial
en una compañía, a los 36 entre a esta empresa con puesto
gerencial, hoy soy directora para Argentina, Uruguay, Paraguay
y Chile de recursos humanos. No puedo hablar de discriminación.
Hay otras mujeres pares dentro de la compañía y en el
área administrativa somos más del 50%».
Equipo y delegación
Al referirse a su gestión empresarial, hizo especial hincapié
en que su desafío fue formar su equipo. «Tengo un excelente
grupo de trabajo con gente que, cuando no estoy, me cuidan
las espaldas, y cuando estoy, también. Manejar las relaciones
interpersonales con el resto de la gente de la compañía, con el
resto de los gerentes y delegar, significa confiar en el equipo.
En todo RRHH somos 120 personas a nivel país».
Sostuvo que «delegar tiene muchísimos beneficios, significa
que la gente pueda asumir la responsabilidad de su cargo y
ahí se compromete mucho más con lo que tiene que hacer.
Transmitir que uno confía en que van a tomar la decisión adecuada
en el momento adecuado es muy importante para que
la gente crezca, se fortalezca y asuma compromisos».
«A delegar se aprende y no es fácil, cuando uno empieza su carrera
comete el error de pensar que es el que mejor va a hacer
las cosas, entonces no delega. Cuando uno aprende a formar
un equipo que sepa más que uno, a nivel de estructura técnica,
y empieza a confiar en que el que sabe va a resolver bien,
aprende a delegar y lo más importante es escuchar», consignó.
Sin embargo, enfatizó que «el que tiene un puesto de dirección
tiene la decisión final. Pero, en la mayoría de los casos consensuo
con mi equipo las decisiones que vamos a tomar. Los
planes de acción del año los hacemos en conjunto, no los hago
sola. Cada gerente trae su plan de acción, lo acordamos y lo
vemos juntos, pero el que pone el 80% es él. Yo le digo vamos
hacia acá, armá tu plan y, una vez que lo acordamos, es de él».
«Otra forma de armar un buen equipo, es que sea profesional.
Cuando hablo de profesional no quiere decir que tenga un título
universitario, la mayoría de la gente de mi área lo tiene,
pero mínimamente es cómo hace las cosas, cómo las tomo y
cómo las estudia antes de hacerlas», concluyó la prosecretaria
general de FADEEAC.


