María Estela Sol viajó a dedo desde su pueblo de La Pampa, en el límite con Neuquén, para realizar el
curso de chofer profesional. Hija, hermana, cuñada y tía de camioneros, era solo cuestión
de tiempo para que María Estela Sol se decidiera a encarar la
profesión y, con todo el empuje que caracteriza a esta pampeana
de Colonia 25 de Mayo, de 40 años, madre de cinco
hijos, un día salió a la ruta y, haciendo dedo, llegó hasta el
Centro de Capacitación de Escobar para cumplir con su decisión.
«Sé lo básico de lo que puede conocer un chofer con más
de 20 años de profesión. Antes, estaba mi papá para darme
consejos, porque era un tipo que sabía muchísimo», recordó
María Estela sobre su padre recientemente fallecido. Así lo
definió: «Mi papá era de la época en que, cuando se rompía
algo en el camión, se ataba con alambre».
Más allá de su visión, sus docentes en el curso de la FPT consignaron
que «ante las circunstancias del tránsito ubica correctamente
el vehículo antes del comienzo de la maniobra»
y agregaron: «Tiene un potencial en la medida que pueda tener
la práctica necesaria. En la vía pública tiene una correcta
conducción teniendo buen desempeño tanto en ruta como en
autopista».
«Me casé muy chica y hace ocho años me divorcié», comentó
y destacó: «Mis amigos son todos camioneros. Tenía una
parrilla donde comían los camioneros. Yo viajo muchísimo a
dedo, si para un camión, subo con toda la confianza y seguridad,
porque sé que no van a arriesgar su trabajo y su familia
por una pavada. La gente que me ha llevado siempre ha sido
buenísima».
María Estela realizó y aprobó el curso en febrero de 2015,
pero la decisión la había tomado tiempo antes, tras leer una
nota en una revista sobre la capacitación dictada en Escobar.
Después consultó a «un amigo de Buenos Aires que fletea
gas» y, dos meses después, llamó a la Fundación, desde donde
Brian Vélez le explicó la manera de realizar el trámite.
A Buenos Aires, a dedo
«Soy provinciana… se define Estuve 20 días en contacto,
pero no animaba a depositar la plata y dos días antes deposite
la mitad y después me fui a dedo hasta Santa Rosa a la
casa de mi comadre donde estuve dos días esperando para
viajar a Buenos Aires», relató a Revista FADEEAC.
Continuó comentando que «tenía que salir el domingo a la
mañana, para llegar ese día a la noche a Buenos Aires. Pero,
el sábado me desperté a las 6 y a las 8 estaba en la ruta haciendo
dedo, parada frente al Casino. Pasaron dos camiones
y algunos autos, que no pararon, el tercer camión que manejaba
un chico chileno de 24 años que era la segunda vez que
venía a la Argentina, paró y me llevó y durante el viaje le conté
lo que iba a hacer».
Habían acordado que se quedaría en «Ruta 5 y 7, pero era de
noche y no se animó. Me dijo que si quería me llevaba a Luján, para que me pudiera quedar. Estuvimos en Ezeiza, para descargar
unos 40 minutos y seguimos a Luján. Era la primera
vez que iba a Buenos Aires. Nunca estuve en la capital, todo
lo que conozco es Escobar».
«En Lujan, hablamos con un camionero argentino que estaba
desenganchando. Le preguntamos por Escobar, él era de San
Luis e iba para allá. El chico que me llevó le dijo: «A la señora
la traigo de La Pampa», y seguí hasta una estación de servicio
en el kilómetro 57 de la Panamericana, en Loma Verde, donde
alquilé para alojarme».
Esperando la oportunidad
Después llegó el curso, que concluyó el 20 de febrero del año
pasado. Muy querida por sus compañeros, gracias a su «don
de gentes y humildad» y, gracias a esa capacitación, hoy tiene
las licencias de Carga General y de Peligrosa al día.
«Me han salido trabajos en Buenos Aires, pero se me complica,
no me animo, porque no conozco» comentó y agregó:
«Sigo trabajando en el kiosco. A veces viajo a Córdoba, con
un Scania 112 de un amigo con chasis y acoplado, con cereal,
pellets de soja».
Explicó que «a veces, salgo con otro muchacho hasta
Neuquén, en un Mercedes Benz 1635. Le conté que había hecho
el curso y me da oportunidad de que maneje en la ruta,
para no perder la práctica. Cuando pasa a las 6 o 7, el día
anterior me avisa y lo espero en la ruta».
Lamentó que a pesar de que presentó su curriculum en muchas
empresas «de todo el país, ninguna se tomó el trabajo
de contestarme, por eso sigo en el kiosco. Pero no me quedo
y sigo buscando. Mis hijos la tienen clara y tienen ganas de
que lo haga». A pesar de su juventud, los chicos tienen 22, 20,
18, 16 y 12, lo que le permite encarar ese proyecto y mostrar
lo que aprendió durante en el Centro de Capacitación
Profesional de la FPT.
curso de chofer profesional. Hija, hermana, cuñada y tía de camioneros, era solo cuestión
de tiempo para que María Estela Sol se decidiera a encarar la
profesión y, con todo el empuje que caracteriza a esta pampeana
de Colonia 25 de Mayo, de 40 años, madre de cinco
hijos, un día salió a la ruta y, haciendo dedo, llegó hasta el
Centro de Capacitación de Escobar para cumplir con su decisión.
«Sé lo básico de lo que puede conocer un chofer con más
de 20 años de profesión. Antes, estaba mi papá para darme
consejos, porque era un tipo que sabía muchísimo», recordó
María Estela sobre su padre recientemente fallecido. Así lo
definió: «Mi papá era de la época en que, cuando se rompía
algo en el camión, se ataba con alambre».
Más allá de su visión, sus docentes en el curso de la FPT consignaron
que «ante las circunstancias del tránsito ubica correctamente
el vehículo antes del comienzo de la maniobra»
y agregaron: «Tiene un potencial en la medida que pueda tener
la práctica necesaria. En la vía pública tiene una correcta
conducción teniendo buen desempeño tanto en ruta como en
autopista».
«Me casé muy chica y hace ocho años me divorcié», comentó
y destacó: «Mis amigos son todos camioneros. Tenía una
parrilla donde comían los camioneros. Yo viajo muchísimo a
dedo, si para un camión, subo con toda la confianza y seguridad,
porque sé que no van a arriesgar su trabajo y su familia
por una pavada. La gente que me ha llevado siempre ha sido
buenísima».
María Estela realizó y aprobó el curso en febrero de 2015,
pero la decisión la había tomado tiempo antes, tras leer una
nota en una revista sobre la capacitación dictada en Escobar.
Después consultó a «un amigo de Buenos Aires que fletea
gas» y, dos meses después, llamó a la Fundación, desde donde
Brian Vélez le explicó la manera de realizar el trámite.
A Buenos Aires, a dedo
«Soy provinciana… se define Estuve 20 días en contacto,
pero no animaba a depositar la plata y dos días antes deposite
la mitad y después me fui a dedo hasta Santa Rosa a la
casa de mi comadre donde estuve dos días esperando para
viajar a Buenos Aires», relató a Revista FADEEAC.
Continuó comentando que «tenía que salir el domingo a la
mañana, para llegar ese día a la noche a Buenos Aires. Pero,
el sábado me desperté a las 6 y a las 8 estaba en la ruta haciendo
dedo, parada frente al Casino. Pasaron dos camiones
y algunos autos, que no pararon, el tercer camión que manejaba
un chico chileno de 24 años que era la segunda vez que
venía a la Argentina, paró y me llevó y durante el viaje le conté
lo que iba a hacer».
Habían acordado que se quedaría en «Ruta 5 y 7, pero era de
noche y no se animó. Me dijo que si quería me llevaba a Luján, para que me pudiera quedar. Estuvimos en Ezeiza, para descargar
unos 40 minutos y seguimos a Luján. Era la primera
vez que iba a Buenos Aires. Nunca estuve en la capital, todo
lo que conozco es Escobar».
«En Lujan, hablamos con un camionero argentino que estaba
desenganchando. Le preguntamos por Escobar, él era de San
Luis e iba para allá. El chico que me llevó le dijo: «A la señora
la traigo de La Pampa», y seguí hasta una estación de servicio
en el kilómetro 57 de la Panamericana, en Loma Verde, donde
alquilé para alojarme».
Esperando la oportunidad
Después llegó el curso, que concluyó el 20 de febrero del año
pasado. Muy querida por sus compañeros, gracias a su «don
de gentes y humildad» y, gracias a esa capacitación, hoy tiene
las licencias de Carga General y de Peligrosa al día.
«Me han salido trabajos en Buenos Aires, pero se me complica,
no me animo, porque no conozco» comentó y agregó:
«Sigo trabajando en el kiosco. A veces viajo a Córdoba, con
un Scania 112 de un amigo con chasis y acoplado, con cereal,
pellets de soja».
Explicó que «a veces, salgo con otro muchacho hasta
Neuquén, en un Mercedes Benz 1635. Le conté que había hecho
el curso y me da oportunidad de que maneje en la ruta,
para no perder la práctica. Cuando pasa a las 6 o 7, el día
anterior me avisa y lo espero en la ruta».
Lamentó que a pesar de que presentó su curriculum en muchas
empresas «de todo el país, ninguna se tomó el trabajo
de contestarme, por eso sigo en el kiosco. Pero no me quedo
y sigo buscando. Mis hijos la tienen clara y tienen ganas de
que lo haga». A pesar de su juventud, los chicos tienen 22, 20,
18, 16 y 12, lo que le permite encarar ese proyecto y mostrar
lo que aprendió durante en el Centro de Capacitación
Profesional de la FPT.


