El escenario actual proyecta un horizonte de enorme complejidad para el
autotransporte de cargas. El camino de las empresas del sector es cada
vez más empinado. Con grandes esfuerzos por mantener los puestos de
trabajo en pie, los índices no dan señales de mejoras. Al contrario: el alza
de los costos y el descenso de la competitividad golpean la columna vertebral
de la actividad. Así las cosas, los obstáculos a vencer alejan la posibilidad
de un futuro promisorio.
Cuando el valor combustible aumenta de forma sostenida, ubicándose
como el más alto de América del Sur salvo Uruguay, cuando el peaje
sube y no da tregua, cuando la cartera de impuestos suma presión a las
ya débiles arcas de nuestras pymes, cuando cumplir con los convenios
paritarios lleva a un túnel de dudosa salida, se conforma un combo difícil
de desactivar.
El lugar natural de los transportistas debería ser el de planificar negocios,
sumar nuevos clientes, invertir y ampliar su flota. En cambio, hoy el
transportista está más concentrado en evaluar cuánto le costará sacar un
camión a la ruta. El continuo incremento de los costos expresa las ecuaciones
de una economía que parece ignorar a este sector como un aliado
fundamental de la producción y la industria del país.
El alza de los costos logísticos, del que el autotransporte es ajeno, jamás
podrá combatirse mientras los ítems mencionados no detengan su escalada.
Es necesario que los canales de diálogo se traduzcan en acciones
concretas que impulsen el parque automotor de cargas, extiendan su
competitividad e incrementen las operaciones. La Argentina necesita de
más camiones en marcha para acompañar las exigencias del comercio
actual y futuro. Entre todas las partes involucradas, tenemos los recursos,
el conocimiento y la experiencia necesarios. El país posee todo el potencial
por crecer a gran escala. No perdamos la oportunidad.
autotransporte de cargas. El camino de las empresas del sector es cada
vez más empinado. Con grandes esfuerzos por mantener los puestos de
trabajo en pie, los índices no dan señales de mejoras. Al contrario: el alza
de los costos y el descenso de la competitividad golpean la columna vertebral
de la actividad. Así las cosas, los obstáculos a vencer alejan la posibilidad
de un futuro promisorio.
Cuando el valor combustible aumenta de forma sostenida, ubicándose
como el más alto de América del Sur salvo Uruguay, cuando el peaje
sube y no da tregua, cuando la cartera de impuestos suma presión a las
ya débiles arcas de nuestras pymes, cuando cumplir con los convenios
paritarios lleva a un túnel de dudosa salida, se conforma un combo difícil
de desactivar.
El lugar natural de los transportistas debería ser el de planificar negocios,
sumar nuevos clientes, invertir y ampliar su flota. En cambio, hoy el
transportista está más concentrado en evaluar cuánto le costará sacar un
camión a la ruta. El continuo incremento de los costos expresa las ecuaciones
de una economía que parece ignorar a este sector como un aliado
fundamental de la producción y la industria del país.
El alza de los costos logísticos, del que el autotransporte es ajeno, jamás
podrá combatirse mientras los ítems mencionados no detengan su escalada.
Es necesario que los canales de diálogo se traduzcan en acciones
concretas que impulsen el parque automotor de cargas, extiendan su
competitividad e incrementen las operaciones. La Argentina necesita de
más camiones en marcha para acompañar las exigencias del comercio
actual y futuro. Entre todas las partes involucradas, tenemos los recursos,
el conocimiento y la experiencia necesarios. El país posee todo el potencial
por crecer a gran escala. No perdamos la oportunidad.


