Con una economía que no termina de despegar, los costos para el transporte de cargas siguen su camino ascendente. La pérdida de la rentabilidad no es una novedad, pero sí una realidad que presiona cada vez más las arcas de las empresas del sector. Los costos logísticos y de transporte impactan sobre la cadena productiva. Por consecuencia, afecta nuestra competitividad, nuestras posibilidades de desarrollo e inversión y también castiga a nuestros usuarios. Los índices y estudios expresan mensualmente, gracias al aporte y al control eficiente de reconocidas entidades académicas, un alza en los costos de los múltiples ítems que hacen a la actividad del autotransporte.
Sin embargo, vale recordar que también existen los llamados costos ocultos que no se pueden contemplar ni medir con exactitud. Esas improductividades externas abarcan congestiones en el tránsito, cortes de rutas, piquetes, conflictividad social y sindical, contingencias laborales, vedas para la circulación de camiones, el estado de las rutas, la piratería del asfalto, congestión a los puertos, presión tributaria, demoras en la frontera, entre otros. A cada uno de estos debilitadores del rubro debemos enfrentarlos a diario. No forman parte de los costos visibles, pero cargamos, sin reconocimiento del Estado nacional, con sus consecuencias. Es necesario que el Estado tome medidas para bajar las cargas medibles que presionan sobre la labor cotidiana de nuestra actividad. Pero también es imperioso que asuma un mayor control sobre aquellos costos ocultos que afectan el papel del autotransporte como aliado estratégico de la economía y afectan la competitividad que contribuye con el crecimiento de la Argentina.


