El trabajo como legado y pasión

La vicepresidenta del CTC y socia de Transporte Pedrito mira con optimismo el proceso de modernización
que están haciendo desde empresas del sector. El mundo personal de María Eugenia Poccia está habitado
por su familia, la pasión por el trabajo y el valor de la honestidad.
Esas columnas vertebrales de su vida sostienen
un imparable deseo por aprender ante cada proyecto y por
descubrir nuevas formas y herramientas que la ayuden a
mejorar.
El camino para alcanzar la vicepresidencia del Centro de
Transferencias de Cargas (CTC) y ser socia de Transporte
Pedrito no le fue fácil. Pero tampoco estuvo sola. Su padre,
Francisco, sus tíos Vicente y Alejandro, y su abuela paterna,
María, son y fueron referentes que tomó como ejemplos a
seguir.
Otras de sus constelaciones diarias son el amor y la fuerza
que le da su hijo Bruno, de cuatro años, y su marido Mariano.
A ellos, se suma María Emilia, de quien Poccia está embarazada
y espera para agosto próximo. A su vez, comparte con
su hermana Judit el oficio de transportista.
La empresaria llegó de Santa Fe a Buenos Aires hace 15
años para trabajar en la sucursal que la empresa familiar
tenía en el barrio porteño de Caballito. Atrás habían quedado
la licenciatura en Biotecnología y una posible carrera de
investigación. En Capital Federal no había nadie que representara
a Transporte Pedrito. A esa ausencia Poccia la tomó
como un desafío y no dudó en ocupar la vacante. «No pensaba
trabajar en la empresa de mi padre, pero continuar con
el legado de mi familia me pareció un motivo noble. Sentí
que le iba a servir a la empresa. Creí que como mujer tenía
mucho para aportar», sostiene.
Poccia se presenta como inquieta, intensa y con una gran
curiosidad y avidez por los nuevos retos. Con ese ímpetu
participó de un proyecto que cambió la cara y la dinámica
de Transporte Pedrito. «En Caballito trabajábamos de manera
muy incómoda por el espacio y las características del
lugar. No podíamos seguir de esa forma. Había que mejorar
las operaciones, la estética de la firma, regular los recursos
humanos y la atención al público. Hoy, estamos en el CTC
que da la oportunidad de mejorar. Los beneficios, incluso, se
palpan en lo económico y en el servicio que damos».
«Tuve la oportunidad de ingresar al proyecto del Centro, del
que aprendo muchísimo. Me entusiasmó de sobremanera
porque tenía un montón de aristas. No sólo las de resolver
la problemática del sector y la mía en particular, sino
también el desafío increíble de aunar y representar a muchísimas
empresas y de estar inmiscuida en lo que son las
finanzas, sus proyecciones, las partes legales e impositivas.
Hoy, es modelo para el país y América Latina».
Hugo Membrive, titular del CTC, es una de las personas que
Poccia considera un referente «importantísimo» en el ámbito
profesional, debido a su «caballerosidad, honestidad y
lealtad». Al asumir las responsabilidades de su cargo en el CTC «me
sentí muy acompañada», asevera. Al respecto, reflexiona: «A
menor o a gran escala, todos los transportistas tenemos los
mismos inconvenientes. Nuestro rubro es muy informal en
un montón de aspectos y creo que el desafío de la generación
a la que pertenezco es la formalización de los empresarios
del rubro».
Hay muchas empresas que están en ese proceso de modernización.
«A veces, el país acompaña y, a veces, no. Pero
en la cabeza de los dirigentes de la actualidad está la necesidad
de contar con más tecnología y tratar de aggionarse»
Compromiso
Para Poccia, en la actualidad «la mujer tiene derechos ganados,
puede plantarse desde un lugar más igualitario, donde
no se piensa tanto si por su sexo va a ser escuchada o
no». En ese sentido, dijo que se siente valorada tanto por los
empleados de la empresa como por sus colegas. «Recibo
buenas críticas y nunca han dejado de considerar mis comentarios»,
dice y agrega: «Creo mucho en el trabajo. No
importa si es hombre o mujer, sino que es la persona la que
va logrando cosas».
La perseverancia y el trabajo son claves en la vida personal
y profesional de Poccia. Afirma que cuando se compromete
con un emprendimiento, lo lleva hasta las últimas consecuencias.
Sin embargo, eso no impide que su rol de madre
y empresaria convivan de forma armónica. «Soy muy
organizada. Creo que mi hijo siente que lo acompaño todo
el tiempo. A veces, hay que resignar cuestiones personales,
pero la familia es fundamental», comenta.
«En mi hogar, me pongo en el papel de ama de casa y lo
disfruto», una cualidad que reconoce haber recibido de su
madre, a quien destaca como una persona «cuidadosa y
bondadosa».
Agradecida de su origen, segura de su presente y expectante
del futuro, siempre con espíritu de aprendiz, María
Eugenia Poccia tiene la certeza de que «el legado es un herencia
de amor».