En los últimos años, el crecimiento del uso del transporte
carretero de mercaderías se ha visto virtuosamente
acompañado también por significativos saltos
cualitativos en las tecnologías desarrolladas en el
parque vehicular que presta servicio en el sector. De
tal forma, los avances en materia de diseño y prestaciones
de los camiones ahora disponibles en el mercado,
el avance en la generación de combustibles más
eficientes y de menor grado contaminante, así como
la utilización de componentes digitales de control de
marcha y supervisión logística, son insoslayables.
Sin duda alguna, todos estos avances y mejoras constructivas
han dotado hoy al transporte de mercaderías
de un importante aumento en la capacidad de carga,
mejorando progresivamente también la relación de las
taras y la carga neta, debido a la utilización de nuevos
materiales y mejoras en la industrialización de tractores
y remolques. Todo esto, sumado a nuevos protocolos
de estiba, sujeción de la carga, tecnologías de
empaquetamiento, etc., así como una progresiva mejora
en la ingeniería logística, ha contribuido a alcanzar
prestaciones óptimas que redundan en la calidad y seguridad
de la mercadería transportada.
En vistas de mejoras y avances, nos estamos alejando
de aquel transporte primitivo y desordenado que
caracterizaba al sector, a pesar de que quede un porcentaje
importante de competencia desleal que es función
del Estado controlar y encuadrar en la formalidad.
Estos incrementos permiten reconocer actualmente la
importancia que ha alcanzado la profesionalización
sostenida del servicio de transporte de mercaderías,
de la cual la revolución logística ha sido una de las mayores
responsables para la optimización del servicio,
como así también del agregado de valor a la cadena de
distribución y transporte.
Aun así, todos los avances tecnológicos y mejoras
cualitativas que venimos describiendo en el sector
de transporte de carga, no pueden lograr por sí solos
desarrollar la tarea que compete a nuestra industria.
Habida cuenta aun de todos los avances tanto constructivos
como cibernéticos, por ahora al menos, el
transporte autónomo de mercaderías deberá esperar.
Por lo tanto, y venturosamente, debemos renovar la
mirada sobre uno de los insumos más importantes
sino el más de la compleja cadena de valor de la
industria del transporte: la propia figura humana del
Chofer Profesional. Y es justamente su condición de
humanidad la que hoy se convierte en eje vertebrador
de este artículo, ya que si esa condición es objeto
de acciones educativas, aporta a la variable del factor
humano una óptica de análisis que trasciende el propio
hacer para convertirlo en un saber hacer, mejor.
Variables
A diferencia de las variables más duras que componen
las estructuras de las organizaciones, (la infraestructura,
los recursos materiales, los recursos financieros,
el stock, etc.), el área de los recursos humanos
es una variable soft (blanda). La inestabilidad propia
de su concepción, mediatizada por la expresión de humanidad
en la que descansa el capital humano de una
empresa, se plasma en los grandes esfuerzos que las
organizaciones modernas dedican a la selección, formación,
y retención de su personal. Por este motivo,
Por Adolfo Cánepa (*) la variable del factor humano, dada su complejidad y
vertiginosidad de mutación, posee sin embargo la característica
de poder ser modificada positivamente
en varios aspectos de su desarrollo. La formación y
la capacitación profesional pueden apreciarse entonces
como modificadores positivos fundamentales de
las personas que componen el capital humano de toda
organización.
A lo largo de los últimos años, la complejización de
las tareas laborales en virtud del avance de las revoluciones
científicas y tecnológicas y la creciente
búsqueda de la excelencia en la producción de bienes
y servicios, ha ido de la mano de un aumento exponencial
tanto de la matriz de producción, así como de
la competitividad que la optimización progresiva de
esa matriz hubo implicado. De tal forma, ya no sólo
fue suficiente producir más, sino irreversiblemente, la
industria debió comenzar a preocuparse por producir
mejor.
El aumento de la calidad como aspecto fundamental
de la producción y en virtud del alto valor competitivo
que otorgaba a las manufacturas y a los servicios, fue
expresándose desde la segunda mitad del siglo XX en
variadas propuestas de mejora permanente como las
lideradas por el toyotismo y la concepción de la calidad
total, entre otras. En todas ellas, uno de esos factores
de mejora continua descansaba en la capacitación
permanente de los recursos humanos de las organizaciones,
lo cual otorgaba a los diferentes factores de
producción una mejora sustentable de los productos
finales, y una mayor competitividad en el mercado.
La calidad entonces, como objetivo permanente a perseguir
por las empresas, había llegado para quedarse,
haciendo de cada proceso de producción una búsqueda
de mejora permanente. Y la capacitación del personal
rápidamente fue advertida como una pauta cualitativa
de mejora insuperable para el logro de mejores
expresiones empresarias.
(*) El autor es director académico de la FPT
carretero de mercaderías se ha visto virtuosamente
acompañado también por significativos saltos
cualitativos en las tecnologías desarrolladas en el
parque vehicular que presta servicio en el sector. De
tal forma, los avances en materia de diseño y prestaciones
de los camiones ahora disponibles en el mercado,
el avance en la generación de combustibles más
eficientes y de menor grado contaminante, así como
la utilización de componentes digitales de control de
marcha y supervisión logística, son insoslayables.
Sin duda alguna, todos estos avances y mejoras constructivas
han dotado hoy al transporte de mercaderías
de un importante aumento en la capacidad de carga,
mejorando progresivamente también la relación de las
taras y la carga neta, debido a la utilización de nuevos
materiales y mejoras en la industrialización de tractores
y remolques. Todo esto, sumado a nuevos protocolos
de estiba, sujeción de la carga, tecnologías de
empaquetamiento, etc., así como una progresiva mejora
en la ingeniería logística, ha contribuido a alcanzar
prestaciones óptimas que redundan en la calidad y seguridad
de la mercadería transportada.
En vistas de mejoras y avances, nos estamos alejando
de aquel transporte primitivo y desordenado que
caracterizaba al sector, a pesar de que quede un porcentaje
importante de competencia desleal que es función
del Estado controlar y encuadrar en la formalidad.
Estos incrementos permiten reconocer actualmente la
importancia que ha alcanzado la profesionalización
sostenida del servicio de transporte de mercaderías,
de la cual la revolución logística ha sido una de las mayores
responsables para la optimización del servicio,
como así también del agregado de valor a la cadena de
distribución y transporte.
Aun así, todos los avances tecnológicos y mejoras
cualitativas que venimos describiendo en el sector
de transporte de carga, no pueden lograr por sí solos
desarrollar la tarea que compete a nuestra industria.
Habida cuenta aun de todos los avances tanto constructivos
como cibernéticos, por ahora al menos, el
transporte autónomo de mercaderías deberá esperar.
Por lo tanto, y venturosamente, debemos renovar la
mirada sobre uno de los insumos más importantes
sino el más de la compleja cadena de valor de la
industria del transporte: la propia figura humana del
Chofer Profesional. Y es justamente su condición de
humanidad la que hoy se convierte en eje vertebrador
de este artículo, ya que si esa condición es objeto
de acciones educativas, aporta a la variable del factor
humano una óptica de análisis que trasciende el propio
hacer para convertirlo en un saber hacer, mejor.
Variables
A diferencia de las variables más duras que componen
las estructuras de las organizaciones, (la infraestructura,
los recursos materiales, los recursos financieros,
el stock, etc.), el área de los recursos humanos
es una variable soft (blanda). La inestabilidad propia
de su concepción, mediatizada por la expresión de humanidad
en la que descansa el capital humano de una
empresa, se plasma en los grandes esfuerzos que las
organizaciones modernas dedican a la selección, formación,
y retención de su personal. Por este motivo,
Por Adolfo Cánepa (*) la variable del factor humano, dada su complejidad y
vertiginosidad de mutación, posee sin embargo la característica
de poder ser modificada positivamente
en varios aspectos de su desarrollo. La formación y
la capacitación profesional pueden apreciarse entonces
como modificadores positivos fundamentales de
las personas que componen el capital humano de toda
organización.
A lo largo de los últimos años, la complejización de
las tareas laborales en virtud del avance de las revoluciones
científicas y tecnológicas y la creciente
búsqueda de la excelencia en la producción de bienes
y servicios, ha ido de la mano de un aumento exponencial
tanto de la matriz de producción, así como de
la competitividad que la optimización progresiva de
esa matriz hubo implicado. De tal forma, ya no sólo
fue suficiente producir más, sino irreversiblemente, la
industria debió comenzar a preocuparse por producir
mejor.
El aumento de la calidad como aspecto fundamental
de la producción y en virtud del alto valor competitivo
que otorgaba a las manufacturas y a los servicios, fue
expresándose desde la segunda mitad del siglo XX en
variadas propuestas de mejora permanente como las
lideradas por el toyotismo y la concepción de la calidad
total, entre otras. En todas ellas, uno de esos factores
de mejora continua descansaba en la capacitación
permanente de los recursos humanos de las organizaciones,
lo cual otorgaba a los diferentes factores de
producción una mejora sustentable de los productos
finales, y una mayor competitividad en el mercado.
La calidad entonces, como objetivo permanente a perseguir
por las empresas, había llegado para quedarse,
haciendo de cada proceso de producción una búsqueda
de mejora permanente. Y la capacitación del personal
rápidamente fue advertida como una pauta cualitativa
de mejora insuperable para el logro de mejores
expresiones empresarias.
(*) El autor es director académico de la FPT


