La logística frente al desafío de optimizar la cadena de alimentos

Un proyecto que cuenta con el apoyo de entidades internacionales, busca que se disminuya la cantidad de toneladas de productos que se pierden en el país.

 

Saravia: “Estos son procesos largos que implican muchos cambios dentro de las compañías. Hay mucho por hacer”.


El número impacta: en la Argentina se pierden más de 123.000 toneladas de alimentos por año. Esa cifra surge de un informe hecho por The Consumer Goods Forum, GS1 Argentina y la consultora We Team Ltda. Su objetivo fue cuantificar las pérdidas y desperdicios de esta clase de productos en el canal de supermercados y autoservicios del país.
La investigación es apenas el primer paso para un propósito mayor: disminuir la cantidad de toneladas de alimentos que hoy terminan en la basura y que podrían aprovecharse para el consumo. Aunque queda mucho por recorrer, los primeros resultados dejan una guía sobre los pasos a seguir. En ese camino, la logística cumple un papel fundamental para lograr mejores eficiencias en cada eslabón de la cadena.
Gestionado durante 2019 y publicado en 2020, el estudio tuvo el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)–que administra la plataforma #SinDesperdicio-, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Ministerio de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación. También dieron su apoyo cadenas de supermercados y autoservicios.
“El informe surge a partir del programa Valoremos los Alimentos, que está coordinado por Natalia Basso, del Ministerio de Agricultura”, explicó Roxana Saravia, gerenta de Soluciones de Trazabilidad y Gobierno de GS1 Argentina. Cuando era sólo una idea, el proyecto fue expuesto ante representantes de la FAO, The Consumer Goods Forum, que agrupa a las empresas más grandes del consumo masivo del mundo, y el BID, que estuvo a cargo del financiamiento.

 

Compromiso
“Fue muy bueno tener el apoyo de estas entidades, que trabajan también con las mismas metas globales”, recalcó Saravia. De hecho, en el contexto de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU, la Argentina avanzó en ese compromiso a través de la creación del Plan Nacional de Reducción de Pérdidas y Desperdicio de Alimentos, a cargo del Ministerio de Agricultura.

Para Elizabeth Kleiman, responsable de proyectos de Seguridad Alimentaria y Nutrición de la FAO, fue un hecho fundamental que distintos referentes pudieran unir y consolidar sus agendas referidas al mismo problema. “Se trata de un estudio dinámico, inédito en esta categoría. Cada parte puso su granito de arena”, agregó.
Según Erika Rodríguez, general manager para América Latina de The Consumer Goods Forum, destacó que la entidad forma parte del proyecto porque es “muy relevante” para sus objetivos y “hace parte de las coaliciones”que integra.Otra razón es que se observó en el país un interés bastante firme en trabajar en estos temas por parte de varias instituciones.

 

Definiciones y alcances
Para la realización del informe “Desperdicio de alimentos en supermercados y autoservicios de Argentina: Causas y Estimaciones” se definieron la metodología, los alcances y el objetivo de medir las pérdidas que se producen en el último eslabón de la cadena comercial en el país. El trabajo cubrió supermercados y cadenas de autoservicio y tuvo en cuenta las categorías de frescos, perecederos y almacén.
“Las pérdidas ocurren en todas las etapas de la cadena. En este primer informe, medimos cuánto se pierde dentro de una tienda de supermercado. Las cadenas comerciales aportaron el big data, que expresa cuánto se desperdicia por artículo, mientras que GS1 dispuso del código de barras para identificar cada unidad. Así se construyeron los indicadores que muestran una merma alta, mayor a las 123.000 toneladas”, dijo Saravia.
Otro aspecto fueron las devoluciones de productos, que requieren una logística inversa. “Ese problema nos está dando un eje de trabajo nuevo, al que le queremos poner foco este año”, afirmó.
Por lo pronto, en esta cuestión, el grupo de trabajo está revisando con el Banco de Alimentos, a través de su red, como se podrían asegurar las donaciones con los certificados, controles y garantías correspondientes.

 

Paso a paso
Rodríguez recalcó que ya se obtuvieron viarios logros. “Nuestro primer reto fue tener mediciones comparables y confiables para la industria. A partir esa línea base identificamos las principales causas de las pérdidas y los desperdicios, categorías y cantidades. Las perspectivas son alentadoras. Sabemos por dónde deberíamos, por lo menos, enfocar nuestros esfuerzos”, dijo.
Kleiman señaló que en esta pandemia existe una mayor necesidad en resguardar los recursos alimenticios. Pero también debe presentarse atención a la cuestión ambiental, con respecto a conocer cuáles fueron las inversiones para las materias primas y la producción. En principio, desde el Ministerio de Ambiente se mostró interés en colaborar con el desarrollo de estudios que permitan verificar el impacto ambiental que provocan los residuos en estas operaciones.
Por otra parte, se refirió a que “el desafío para el transporte y la logística está en conservar y mantener los requisitos de utilidad y vida útil de los productos, a fin de ser ingeridos en las mejores condiciones”.
Por el momento, resulta bastante ambicioso poner en práctica una logística que asegure el resguardo y el consumo de los alimentos. “Estos son procesos largos que implican muchos cambios dentro de las compañías. Hay mucho por hacer”, dijo Saravia y especificó que hay tres ejes de acción.
El primero es elaborar un informe cuatrimestral y que a partir de los resultados se tomen medidas, por ejemplo, en la logística inversa. La segunda instancia consiste en intentar optimizar los procesos logísticos de compra y donación. Por último, avanzar en la aplicación de nuevas formas de etiquetado que le permitan a la industria y al retail saber la fecha de vencimiento de cada producto.
Un aspecto a tener en cuenta es lo que están haciendo países más avanzados. “A nivel mundial se está empezando a aplicar lo que tiene que ver con un código bidimensional. Posee información del producto, como si fuera una etiqueta inteligente, donde figura su información: ingredientes, fecha de vencimiento, el número del lote. La tecnología está. El tema es la adopción”, agregó la directiva.

 

Puertas abiertas
En el estudio hubo una participación del 41% de las cadenas de supermercados en la Argentina. La recopilación de datos se dio durante 2020, en el contexto de la pandemia del Covid-19. Los integrantes del informe estiman que en una siguiente medición habrá más compañías involucradas, esperando aumentar la colaboración al 70 por ciento, en condiciones globales y locales más propicias.
“Hay una muy buena respuesta del sector privado que se compromete y conoce cada vez más”, opinó la responsable de proyectos de Seguridad Alimentaria y Nutrición de la FAO. Ahora, “la intención es que crezca la participación de los actores directos, que son las propias cadenas del supermercadismo”, apuntó.
La directiva comentó que una de las claves está en mejorar las prácticas y procesos de los relevamientos de la información “para que los números de desperdicios se reduzcan”. Poder, incluso, identificar mejor el origen de esas pérdidas y dar una gestión más eficiente en la reutilización de esos mismos alimentos”.
Saravia aclaró que este tipo de iniciativas requieren de un aprendizaje por parte de los retailers. Al respecto, mencionó que en esta etapa –que abarcó todo el país-, las grandes cadenas de supermercados que participaron compartieron la información necesaria.
Las invitaciones al proyecto se extendieron a cámaras que nuclean a supermercados más chicos. “Tuvimos algunos encuentros. Hay que construir confianza para trabajar en este tipo de estudios y generar información. Hay empresas que disponen de ella, otras no, y algunas sólo de forma descentralizada”, aseguró la especialista.
La ejecutiva de GS1 Argentina enfatizó que están disponibles las herramientas y los estándares tecnológicos para recibir la datos y conformar los indicadores. El desafío radica en los cambios que deberán hacer los distintos actores en sus sistemas para disminuir la cantidad de alimentos que se pierden día a día.

 

Fuente: La Nación, Transporte & Logística