Bastitta, que emprendió hace dos años un programa de capacitación con Arlog, reconoce que el sector continuará en desarrollo, por eso destaca el rol de la mujer para eficientizar el proceso logístico: «Se conocen sus virtudes en cuanto a manipulación de mercadería y está comprobado que tienen la capacidad de trabajar más rápido, pierden menos la atención, son más creativas y más cuidadosas».
Pionera
María Luisa Alaniz repasa su experiencia desde que entró a Andreani Logística, en San Luis, hace tres años gracias a un programa de inclusión impulsado por el gobierno provincial. «A todo el mundo le cuento orgullosa que trabajo en logística, para mí no tengo ninguna contra salvo la edad (52)», cuenta.
«Hago mi trabajo, en el área de fármacos, con mucha responsabilidad y compromiso, no me gusta que me llamen la atención delante de otros, por eso me concentro y, aunque me llevo muy bien con mis compañeros, trato de no hablar mucho porque un error puede ocasionar problemas serios», reconoce.
Según una encuesta realizada por la Asociación Argentina de Logística (Arlog), el empleo femenino constituye menos del 10% de la fuerza laboral. «Las mujeres con frecuencia deben luchar por ingresar a sectores tradicionalmente dominados por hombres, y las condiciones de trabajo son más difíciles para ellas porque hay menos oportunidades de empleo», plantea el documento que tiene como eje incluir a las mujeres a través de capacitación.
Salvo algunas excepciones, la mayoría de los centros de distribución no tienen «ni siquiera baños de mujeres», como describe Mariela Ottolini (32), que se subió a un camión a los 17 como ayudante, y ya hace 10 años maneja pesados con o sin caja automática.
«Al principio desconocía muchas cosas de la actividad», cuenta Mariela y, a modo de anécdota, recuerda que en sus comienzos, le tocó transportar res de carne y, como no podía cargar ni descargar tanto peso, en esos momentos se desentendía. Eso le valió algunos cruces y enojos con sus compañeros por eso «ni bien me enteré que había que controlar y, luego de algunos intentos fallidos de cargar la res, comencé a participar y desde ese momento ayudo en todo lo que puedo».
Son varias las batallas que ofreció Ottolini quien recorre a diario las rutas de Buenos Aires (desde Bahía Blanca), Mendoza y Formosa en viajes que la alejan por 20 o 30 días de su hogar. Durante ese tiempo «la realidad es dura, pero lo hago porque me gusta, no sé cómo sería si trabajara por obligación en una empresa de transporte», reflexiona e insiste con que «los centros de distribución, las estaciones de servicio, no están preparadas para mujeres: tuve que pelear 3 años para que me construyan un baño en una planta de acopio», señala.
Como virtud destaca también el buen humor en todo momento aunque de manera contundente sentencia: «Si tengo paso, me lo tienen que dar». Por el momento Mariela no tiene hijos y aunque manifiesta su deseo de continuar «recorriendo las rutas en mi flamante Premium Lander (Renault Trucks)», sabe que la vida la pondrá en jaque cuando decida ser madre.
La cuestión legal
Además de la barrera cultural, el convenio colectivo que rige la actividad del transporte de cargas y gran parte de la logística, no contempla situaciones propias de las mujeres como el embarazo y la lactancia. ¿Hasta qué etapa del embarazo una mujer podría manejar un camión, cuánta distancia puede recorrer durante el período de lactancia?
Interiorizado en el tema, Bastitta cuenta que el proyecto de Plaza Logística y Arlog, se enmarca en un programa más amplio que incluye la creación de guarderías y espacios de lactancia para sortear las dificultades y ofrecer posibilidades concretas para poblar de mujeres el sector. Además confiesa que entre los empresarios la cuestión es simple «¿Por qué no hay mujeres? Porque no está preparado el espacio para ellas y por eso no se las contrata». Por eso propone: «Hay que preparar el ámbito para recibirlas. Hay que romper con el mito de que las mujeres no pueden hacer trabajo de warehousing».
Inflación y paritarias impiden el debate de fondo sobre productividad, condiciones laborales, formación, motivaciones y cuestiones que tienen más que ver con la optimización de los recursos. «Este sería un destino muy apropiado para destinar recursos del Estado que podría fomentar mediante la desgravación impositiva de las cargas sociales, o de alguna otra manera, la inclusión de la mujer en los sectores donde hay que destrabar cuestiones culturales», expresa el titular de Plaza Logística y no detiene su optimismo: «Es un proceso que se va a dar pero es necesario que desde las empresas y el Estado se fomente. Sería interesante generar el contexto para que entidades como Fadeeac discuta más que salarios con los delegados gremiales», amplió.


