Tendencias y cambios

Las políticas de abastecimiento y de stock de las empresas deben ser revisadas; la necesidad de ser capaz de entender la demanda y adaptarse a los nuevos tiempos Más allá de los colores políticos y sin hacer juicio sobre los mismos, podemos observar cambios importantes en las reglas de juego que nos replantean la forma de llevar adelante nuestros negocios. Analizando desde la mirada del supply chain vemos que las políticas de abastecimiento y de stock de las empresas deben ser revisa das, a partir de cambios que seguramente están ocurriendo en la estrategia comercial.

Algunas condiciones marco han cambiado y no todos lo hemos entendido; la escasez como paradigma donde valía más encontrar el producto deseado que su precio va quedando en el pasado. Vamos hacia un mercado de abastecimiento fluido, debido a la normalización de las importaciones que, adicionalmente a más productos, traerá más jugadores a nuestro mercado.

Por otro lado, desde los clientes/consumidores ya no se acepta tan fácilmente la entrega incompleta. En definitiva, volvemos a un mercado más competitivo donde la diferenciación por servicio vuelve a tomar protagonismo. Observamos que muchas empresas están visualizando este cambio y tomando acciones para adaptarse.

Las acciones primarias tienen que ver con poner más atención en entender la demanda, en normalizar el stock, en mejorar sus procesos de distribución y, sobre todo, en buscar la diferencia competitiva en servicio, entendiendo servicio como entrega completa, en tiempo y forma. Esto, que parece tan obvio, estuvo totalmente distorsionado estos últimos años; de hecho era aceptado como normalidad una entrega parcial.

Típicamente encontramos niveles de stock construidos a través de instrucciones como «ingresa todo lo que puedas», «todo es urgente», «estamos constantemente con pedidos pendientes» o bien compras de oportunidad para aprovechar diferencias de precios. El emergente es un stock que difícilmente esté alineado con la demanda y esto se hace más evidente en algunos mercados donde hay una contracción de ésta, y se ve con claridad que hay de lo que no se necesita y que falta lo deseado.

Es necesario ir ajustando todo esto, adaptándose al nuevo escenario que en algunos aspectos todavía está definiéndose.

La confiabilidad de abastecimiento permite bajar los stock y, por lo tanto, mejorar el capital de trabajo que en estos momentos de alto costo financiero resulta un efecto muy positivo y deseado por las compañías.

En definitiva, en la medida que aumenta la velocidad en que rotamos el inventario, mejoramos nuestro negocio. Si bien esta afirmación en escenarios con inflación alta no es tan válida, aún en esos escenarios sólo vale para el stock de los productos vendibles.

Pésimo negocio

Detectamos casos de compras de oportunidad de productos que se convirtieron en obsoletos; estos no traen ningún beneficio y por ello siempre en cualquier escenario es vital entender lo mejor posible la demanda, porque un aparente gran negocio puede convertirse en uno pésimo si esto no es tenido en cuenta.

Se observan casos relevantes donde encontramos stock excesivos de productos, casos de un año y más. Por eso, los ajustes que se están realizando hoy provocan una sensación de «amesetamiento» de la demanda mayor a la real, aunque sea sólo un ajuste de stock para sincerar los inventarios.

Esta situación complica el entender cuál es la demanda real de los consumidores, porque todos en la cadena están consumiendo stock acumulados en este tiempo de paradigma de escasez.

En la dinámica de los negocios, la capacidad de leer los cambios y adaptarse a tiempo es un proceso clave, dada la magnitud y velocidad de los cambios en nuestro país y esto tiene un impacto vital para lograr la sustentabilidad de la empresa.

Con el objetivo de mejorar la capacidad de distribución se observa una actividad creciente en proyectos de mejora en procesos, sistemas, e inclusive nuevos centros de distribución están siendo analizados e implementados por empresas de distintos rubros.

Si bien es un momento de cierta incertidumbre, hemos bajado algo la complejidad y gracias a esto algunos se animan a pensar más allá del día a día. Éste es un efecto deseado; una buena decisión estratégica normalmente aporta mayores beneficios que la mirada de corto plazo a la cual estamos tan acostumbrados.