Los inconvenientes surgidos de la falta de seguridad no trabaron la decisión de FADEEAC de crecer en
capacitación y otros avances para el sector. La tercera década de la vida de la FADEEAC estuvo marcada
por el incremento de los casos de piratería del asfalto
que llevaron a los dirigentes de la Federación a acudir a los
despachos de las autoridades nacionales y jefes policiales
para solicitar medidas concretas en el combate de esta modalidad
delictiva.
FADEEAC había propuesto entonces la modificación del
Código de Procedimientos, para que se pudiera penar con
mayor celeridad a los delincuentes; pidió la inclusión de
este tipo de ilícitos en el fuero federal y el acrecentamiento
de controles al momento de otorgar los permisos de conducción,
además de la mayor vigilancia en las rutas y más
operativos de prevención.
Los reclamos de la Federación fueron llevados por sus directivos
al secretario del Interior, Facundo Suárez Lastra
y, tiempo después, hasta el despacho del entonces jefe de
la Policía Federal, Juan Ángel Pirker, a la que asistieron
Rogelio Cavalieri Iribarne, Julio Vilaltela y Alberto Spinelli.
Además, el diputado nacional Lorenzo Cortese presentó un
proyecto de ley para agravar las penas hacia este delito,
aunque no preveía que fueran de jurisdicción federal e incluía
una amplia serie de eximición de penas que desnaturalizaban
su aplicación.
Una nota triste del inicio de aquella tercera década fue el
deceso de José Ramón Faustino Méndez. Tras haber pasado
por la función pública, Méndez participó de todos
los actos fundacionales de la Cámara de Empresarios
del Autotransporte de Cargas (CEAC) y, años después, de
FADEEAC. Su memoria fue homenajeada por quienes lo habían
acompañado en esas iniciativas imponiendo su nombre
a la biblioteca de la antigua sede de la Federación en el
edificio Barolo.
Pero no todo lo que pasaba generaba tristezas o preocupaciones.
Los reiterados reclamos de la FADEEAC en algunos
sentidos generaron la reacción de las autoridades nacionales.
Así fue que desde agosto de 1988, la Secretaría de
Comercio Interior dejó sin efecto el congelamiento de las
tarifas del transporte resuelto por la puesta en vigencia
del Plan Austral y reconoció la aplicación de la libre contratación
entre las partes.
«Hartos»
Sin embargo, esto no fue óbice para que los dirigentes del
sector continuaran sus reclamos ante los hechos delictivos
en las rutas. Así, en enero de 1988, mantuvieron una reunión
con quien fuera secretario del Interior, Juan Octavio
Gauna, y un mes después con el entonces director general
de Seguridad Interior, Manuel Ferreiro, acompañados por el
fiscal de la Cámara de San Nicolás Leonardo Migliaro.
En aquellos días, Migliaro y su secretario Martín Martínez «reiteradamente
han recibido llamadas telefónicas al tribunal y
a sus domicilios particulares por parte de voces que indican
parar la mano sobre el tema» de la piratería del asfalto, según
consignaba en la fecha el diario Norte de San Nicolás.
La continuidad de esta situación llevó a que, a mediados de
1990, la Federación emitiese volantes para colocar en los vehículos de las empresas asociadas a sus cámaras, titulados
con la palabra «Hartos» en grandes caracteres. Cavalieri
Iribarne explicaba: «Estamos hartos de la impunidad de los
piratas del asfalto, quienes delinquen prácticamente sin correr
riesgos. Es urgente que los legisladores efectúen las
reformas necesarias para que se castigue con severidad
tanto a los asaltantes como a los reducidores y a los supuestos
compradores de buena fe».
A la expoliación sufrida por la acción de esos delincuentes,
los transportistas sumaban otro reclamo en contra de la explotación
por peaje de las carreteras, punto en el que decían
sus «protestas han sido desoídas y nuestro argumentos
coincidentes con los de los principales especialistas de la
actividad y de las organizaciones más representativas de
ésta echados en saco roto».
«La doctrina constitucional, leyes que a lo largo de años han
mostrado su eficacia y su justicia y aún la experiencia recogida
en el mundo entero, todo ha sido dejado de lado por imperio
de necesidades o dogmatismos que no tenemos para
qué juzgar», decían los dirigentes de la FADEEAC.
Al año siguiente, la institución madre del autotransporte de
cargas difundió una planilla entre sus asociados para que
en ella consignaran los atracos sufridos y poder establecer
la situación que padecía el sector, para demostrar ante las
autoridades y la ciudadanía en general «la verdadera magnitud
que representa este flagelo», que seguiría afectando al
sector durante toda la década y que consolidó una Comisión
Permanente Oficial y Privada de Prevención de Delitos al
Transporte, en la que el gobierno estuvo representado por
el subsecretario de Interior, César Gioja, desde 1991.
Fundación
Otra de las grandes preocupaciones de la dirigencia del
autotransporte de cargas fue la de la capacitación de los
recursos humanos, en el entendimiento de que resultaba
«indispensable el desarrollo de la formación profesional
que incipientemente se ha iniciado con el dictado de cursos
en el exterior», haciendo referencia a las tareas que se
iniciaban en Francia en 1991, cuando se realizó la reunión
constitutiva de la Fundación para el desarrollo del transporte
automotor de cargas de la República Argentina.
Esa iniciativa se concretaría en el primer semestre del año
siguiente, con el intercambio con la Asociación Francesa de
Transporte para la capacitación de empresarios. En abril
se realizó el primer curso para choferes sobre Conducción
racional de vehículos de transporte de carga, apuntando a
minimizar el consumo de combustible y lograr un menor
desgaste de frenos, neumáticos y de todos los elementos
de tracción y amortiguación de los vehículos.
La década transcurrida hasta 1997 estuvo signada también
por la mayor integración física con los países vecinos. En
aquellos años se impulsó el desarrollo de los pasos Paso
de los Libres Uruguayana; Bernardo de Irigoyen Dionisio
Cerqueira; Puerto Iguazú Foz de Iguazú y Puente sobre
Pepirí Grande, hacia Brasil. Además, se avanzó en Puerto
Unzué Fray Bentos y Colón Paysandú, hacia Uruguay.
Otros hitos de integración fueron Posadas Encarnación,
Clorinda Asunción, hacia Paraguay; Profesor Mazza
Yacuiba, Aguas Blancas Pozo Bermejo y La Quiaca
Villazón, con Bolivia. También avanzaron Paso Agua Negra,
Las Cuevas Caracoles, El Pehuenche, Pino Hachado, Hua
Hum, Puyehue, Coyainque y Monte Aymond, hacia Chile.
Al promediar aquella década, la Federación festejó sus 25
años de vida. En el editorial de la revista de diciembre de
1992 aquellos hombres avizoraban que «el horizonte es simultáneamente
promisorio y amenazante: corresponde a
la sagacidad de todos que se consiga potenciar el primer
aspecto y paliar el segundo y en el estilo de la FADEEAC
está el que ello se haga lealmente, con amplitud de miras
y respetuosa consideración. Sabemos que mañana nuevas
condiciones harán nacer nuevas ideas, pero tenemos la certidumbre
de que ello será dentro de ese estilo que hemos
sabido gestar».
capacitación y otros avances para el sector. La tercera década de la vida de la FADEEAC estuvo marcada
por el incremento de los casos de piratería del asfalto
que llevaron a los dirigentes de la Federación a acudir a los
despachos de las autoridades nacionales y jefes policiales
para solicitar medidas concretas en el combate de esta modalidad
delictiva.
FADEEAC había propuesto entonces la modificación del
Código de Procedimientos, para que se pudiera penar con
mayor celeridad a los delincuentes; pidió la inclusión de
este tipo de ilícitos en el fuero federal y el acrecentamiento
de controles al momento de otorgar los permisos de conducción,
además de la mayor vigilancia en las rutas y más
operativos de prevención.
Los reclamos de la Federación fueron llevados por sus directivos
al secretario del Interior, Facundo Suárez Lastra
y, tiempo después, hasta el despacho del entonces jefe de
la Policía Federal, Juan Ángel Pirker, a la que asistieron
Rogelio Cavalieri Iribarne, Julio Vilaltela y Alberto Spinelli.
Además, el diputado nacional Lorenzo Cortese presentó un
proyecto de ley para agravar las penas hacia este delito,
aunque no preveía que fueran de jurisdicción federal e incluía
una amplia serie de eximición de penas que desnaturalizaban
su aplicación.
Una nota triste del inicio de aquella tercera década fue el
deceso de José Ramón Faustino Méndez. Tras haber pasado
por la función pública, Méndez participó de todos
los actos fundacionales de la Cámara de Empresarios
del Autotransporte de Cargas (CEAC) y, años después, de
FADEEAC. Su memoria fue homenajeada por quienes lo habían
acompañado en esas iniciativas imponiendo su nombre
a la biblioteca de la antigua sede de la Federación en el
edificio Barolo.
Pero no todo lo que pasaba generaba tristezas o preocupaciones.
Los reiterados reclamos de la FADEEAC en algunos
sentidos generaron la reacción de las autoridades nacionales.
Así fue que desde agosto de 1988, la Secretaría de
Comercio Interior dejó sin efecto el congelamiento de las
tarifas del transporte resuelto por la puesta en vigencia
del Plan Austral y reconoció la aplicación de la libre contratación
entre las partes.
«Hartos»
Sin embargo, esto no fue óbice para que los dirigentes del
sector continuaran sus reclamos ante los hechos delictivos
en las rutas. Así, en enero de 1988, mantuvieron una reunión
con quien fuera secretario del Interior, Juan Octavio
Gauna, y un mes después con el entonces director general
de Seguridad Interior, Manuel Ferreiro, acompañados por el
fiscal de la Cámara de San Nicolás Leonardo Migliaro.
En aquellos días, Migliaro y su secretario Martín Martínez «reiteradamente
han recibido llamadas telefónicas al tribunal y
a sus domicilios particulares por parte de voces que indican
parar la mano sobre el tema» de la piratería del asfalto, según
consignaba en la fecha el diario Norte de San Nicolás.
La continuidad de esta situación llevó a que, a mediados de
1990, la Federación emitiese volantes para colocar en los vehículos de las empresas asociadas a sus cámaras, titulados
con la palabra «Hartos» en grandes caracteres. Cavalieri
Iribarne explicaba: «Estamos hartos de la impunidad de los
piratas del asfalto, quienes delinquen prácticamente sin correr
riesgos. Es urgente que los legisladores efectúen las
reformas necesarias para que se castigue con severidad
tanto a los asaltantes como a los reducidores y a los supuestos
compradores de buena fe».
A la expoliación sufrida por la acción de esos delincuentes,
los transportistas sumaban otro reclamo en contra de la explotación
por peaje de las carreteras, punto en el que decían
sus «protestas han sido desoídas y nuestro argumentos
coincidentes con los de los principales especialistas de la
actividad y de las organizaciones más representativas de
ésta echados en saco roto».
«La doctrina constitucional, leyes que a lo largo de años han
mostrado su eficacia y su justicia y aún la experiencia recogida
en el mundo entero, todo ha sido dejado de lado por imperio
de necesidades o dogmatismos que no tenemos para
qué juzgar», decían los dirigentes de la FADEEAC.
Al año siguiente, la institución madre del autotransporte de
cargas difundió una planilla entre sus asociados para que
en ella consignaran los atracos sufridos y poder establecer
la situación que padecía el sector, para demostrar ante las
autoridades y la ciudadanía en general «la verdadera magnitud
que representa este flagelo», que seguiría afectando al
sector durante toda la década y que consolidó una Comisión
Permanente Oficial y Privada de Prevención de Delitos al
Transporte, en la que el gobierno estuvo representado por
el subsecretario de Interior, César Gioja, desde 1991.
Fundación
Otra de las grandes preocupaciones de la dirigencia del
autotransporte de cargas fue la de la capacitación de los
recursos humanos, en el entendimiento de que resultaba
«indispensable el desarrollo de la formación profesional
que incipientemente se ha iniciado con el dictado de cursos
en el exterior», haciendo referencia a las tareas que se
iniciaban en Francia en 1991, cuando se realizó la reunión
constitutiva de la Fundación para el desarrollo del transporte
automotor de cargas de la República Argentina.
Esa iniciativa se concretaría en el primer semestre del año
siguiente, con el intercambio con la Asociación Francesa de
Transporte para la capacitación de empresarios. En abril
se realizó el primer curso para choferes sobre Conducción
racional de vehículos de transporte de carga, apuntando a
minimizar el consumo de combustible y lograr un menor
desgaste de frenos, neumáticos y de todos los elementos
de tracción y amortiguación de los vehículos.
La década transcurrida hasta 1997 estuvo signada también
por la mayor integración física con los países vecinos. En
aquellos años se impulsó el desarrollo de los pasos Paso
de los Libres Uruguayana; Bernardo de Irigoyen Dionisio
Cerqueira; Puerto Iguazú Foz de Iguazú y Puente sobre
Pepirí Grande, hacia Brasil. Además, se avanzó en Puerto
Unzué Fray Bentos y Colón Paysandú, hacia Uruguay.
Otros hitos de integración fueron Posadas Encarnación,
Clorinda Asunción, hacia Paraguay; Profesor Mazza
Yacuiba, Aguas Blancas Pozo Bermejo y La Quiaca
Villazón, con Bolivia. También avanzaron Paso Agua Negra,
Las Cuevas Caracoles, El Pehuenche, Pino Hachado, Hua
Hum, Puyehue, Coyainque y Monte Aymond, hacia Chile.
Al promediar aquella década, la Federación festejó sus 25
años de vida. En el editorial de la revista de diciembre de
1992 aquellos hombres avizoraban que «el horizonte es simultáneamente
promisorio y amenazante: corresponde a
la sagacidad de todos que se consiga potenciar el primer
aspecto y paliar el segundo y en el estilo de la FADEEAC
está el que ello se haga lealmente, con amplitud de miras
y respetuosa consideración. Sabemos que mañana nuevas
condiciones harán nacer nuevas ideas, pero tenemos la certidumbre
de que ello será dentro de ese estilo que hemos
sabido gestar».


