Una nueva casa y más desafíos

La inauguración de la sede de Bustamante 54 fue uno de los hitos de la década, marcada además por
la disputa para lograr beneficios para el sector. Los festejos del 38 aniversario de la creación de la
Federación fueron especiales. Después de haber pasado
36 años de trabajo y crecimiento en las oficinas del
Palacio Barolo, en la céntrica Avenida de Mayo 1370,
la FADEEAC se mudó a su nueva sede de Sánchez de
Bustamante 54, en el barrio porteño de Almagro.
El nuevo edificio, con tres plantas de oficinas y dependencias
diversas y más de 4.500 metros cuadrados, es
casi 15 veces más grande que los 280 metros de la anterior
sede que había sido adquirida en 1969, dos años
después de la fundación de la FADEEAC.
En 2003, mientras el país seguía atravesando los coletazos
de la crisis que se había iniciado dos años antes,
el Consejo Directivo de la Federación apostó al futuro
y aprobó la compra del edificio ubicado a metros de la
Avenida Rivadavia que había pertenecido a la empresa
Iveco de Argentina, para desarrollar allí una sede que
se transformara en un plataforma de lanzamiento hacia
el futuro.
La envergadura del proyecto quedó de manifiesto en
los cuatro meses de trabajo que demandó el diseño arquitectónico
de la nueva sede. En diciembre de 2004 se
hizo el llamado a licitación, las tareas de remodelación
se iniciaron el primero de abril del año siguiente y, tras
ocho meses de intensos trabajos, el 2 de diciembre de
2005 como parte de los festejos del cumpleaños de la
FADEEAC fue inaugurada la casa de los transportistas.
Más allá de esa cumbre de la cuarta década de existencia
de la entidad madre del transporte automotor de cargas,
hubo otros temas que concitaron la atención de los
empresarios del sector en aquellos años.
La oblea
Al comenzar aquel período, la situación de la educación
del país atravesaba una de sus recurrentes crisis
que desembocó en la instalación de una Carpa Blanca
Docente frente al Congreso de la Nación, en abril de
1997, donde durante 33 meses se reclamó una respuesta
definitiva para aquellos problemas.
Siguiendo una constante histórica, de resolver los déficits
nacionales, provinciales o municipales cargando
las tintas sobre las contribuciones del autotransporte,
el Gobierno proyectó una ley que gravaba a todos los
vehículos: automóviles, motocicletas, embarcaciones y,
obviamente, los camiones, cuyo pago se acreditaba con
una emblemática oblea.
La FADEEAC reconocía que la solución al problema de
los docentes era «una asignatura pendiente de la sociedad»;
era consciente de la legitimidad del reclamo, pero
advertía que ese impuesto no constituía una solución al tema de fondo y que «seguir castigando a nuestro sector
con impuestos como éste, significa atentar contra la
libre circulación territorial y gravar bienes que ya se encuentran
tributando gravámenes análogos, generando
una múltiple imposición».
Al ser desoído el reclamo del sector, el Consejo Federal
resolvió realizar una movilización hacia la Plaza del
Congreso para sensibilizar a la opinión pública y, en especial,
a los legisladores del daño que se estaba infringiendo
al sector. El miércoles 30 de septiembre de 1997,
unos 350 vehículos recorrieron las calles del centro porteño
y el Bloque Justicialista (mayoritario) de la Cámara
de Diputados aceptó debatir una alternativa al Fondo de
Financiamiento Docente.
El reclamo de los transportistas estuvo en relación
directa con los datos macroeconómicos de la época.
Según reconocía la Administración Federal de Ingresos
Públicos (AFIP), el sector de Transporte, Almacenamiento
y Comunicaciones era la actividad que mayor peso tributario
directo tenía, ya que aportaba a la recaudación
19,3% de su producción, aventajando en más de un punto
a su inmediato seguidor, la Electricidad, Gas y Agua,
que tributaba 18%.
Otros conflictos
Pero esa no sería la última vez que el autotransporte
de cargas se viera necesitado de salir a las calles para
exponer su situación ante la sociedad. En abril de 2000,
un sector de la actividad volvió a manifestarse con una
protesta, por lo que la conducción de la FADEEAC, con
activa participación de las entidades de base, inició negociaciones
con el Gobierno Nacional que terminaron
por reconocer los reclamos.
Así las autoridades aceptaron discutir una serie de beneficios
para los transportistas en el costo del gasoil;
rebajas en los peajes; una revisión de la valuación impositiva
de los vehículos; la exigencia de la carta de porte
internacional para los camiones extranjeros; la aplicación
de un sistema acelerado para los trámites en frontera,
y la elaboración de una política de prevención de la
piratería del asfalto, entre otras cuestiones.
Sin embargo, muchos de esos temas no se terminarían
de resolver y, entre ellos, el delito contra el transporte
automotor de cargas siguió siendo una preocupación en
aquel período. A pesar de la disminución de este flagelo
hasta 2004, en 2005 se produjo un preocupante recrudecimiento,
que fue tema de la Mesa de Trabajo ampliada
que se había establecido en la provincia de Buenos Aires.
Al acercarse a los festejos de los 40 años de existencia,
la FADEEAC había esbozado un perfil de desarrollo con
la incorporación de varias cámaras del interior, la consolidación
del Registro Único del Transporte Automotor
(RUTA), la capacitación obligatoria de conductores a cargo
de la Fundación Profesional para el Transporte (FPT);
la disponibilidad del Impuesto a la Transferencia de los
Combustibles (ITC) como crédito fiscal y la recuperación
de las contribuciones patronales (REFOP) retroactivas al
primer semestre de 2004.
La entidad madre del autotransporte de cargas de la
Argentina avanzaba hacia la FADEEAC consolidada de la
siguiente década. Jóvenes empresarios La preocupación de la FADEEAC por mantener el liderazgo
empresarial tuvo en 2006 un impulso de consideración,
con la creación del Consejo de Jóvenes Empresarios
del Transporte de Cargas, que tuvo por finalidad lograr
que sus participantes puedan asumir nuevos roles y desarrollar
conocimientos sobre las organizaciones de empleadores
y las herramientas para su manejo.
La idea fundamental era la incorporación de jóvenes con
vocación de gestión en las organizaciones, para que continúen
fomentando y defendiendo los principios de las
empresas e incidan en la elaboración y desarrollo de políticas
para avanzar en la solución de los problemas que
aquejan al sector.
De aquella experiencia que se concretó hace poco más
de una década, surgieron varios de los actuales dirigentes
de las cámaras que componen la FADEEAC e incluso
algunos de ellos llegaron a integrar la conducción de la
Federación.